miércoles, 9 de mayo de 2018

ROLANDO MARTÍNEZ: Poesía Actual de Chile



ROLANDO MARTÍNEZ (Arica, Chile 1979) Profesor de Educación Básica. Publica los libros Yeguas del Kilimanjaro (La Liga de la Justicia Ediciones, 2015; Libros del Pez Espiral, 2018), Cuaderno de Croquis (Libros del Pez Espiral, 2018). Ha obtenido diversos reconocimientos literarios, entre los que destacan el Premio Juegos Poéticos y Florales Gabriela Mistral, el segundo lugar en el Premio Lagar y la Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro (2012, 2014, 2015 y 2016).

Selección por Gladys Mendía de Ciudad Bárbara (Das Kapital Ediciones, 2018)


Blanco Encalada 2642

1
Cuatro grados de temperatura incuban las techumbres
y la fauna milagrosa de una escena:

gallinas palomas gatos y gorriones
que vigilan como alfiles
el pellet desabrido de los perros.

2
Una señora dice:
“arreglen la tapa del desagüe
que de noche salen así unos guarenes”

3
El gesto que hace con las manos
es la medida exacta de su capital:

una pieza de cholguán donde se multiplican
santos y artistas repartidos como el hongo
sobre las paredes.

4
Ese texto que escriben las higueras
es el poema sobre un mundo donde los niñitos
tienen en promedio seis u ocho madres.

5
Insisten los hermanos de la iglesia
en los grados de la luz o el sol o el fuego
que el mes de la fritanga pinta
sobre las cabezas de la fauna desastrosa:

gallinas palomas gatos y gorriones
prosperando como lumpen frente a las bateas.



Campamento de verano en Playa Brava

Apilados escuchamos el mar corromperse.

Alguien toca el bongó
en frente de una fogata.

Los pilpilenes emiten un ruido
que agradecemos
esas noches de melón con vino
y marihuana.

Desfilan sombras
por detrás de las mallas raschel.

Una televisión transmite en vivo
el festival de Viña.
Los humoristas son pésimos
así como el arroz con atún
y el vino tibio.

Las carpas alfombran arena y desperdicios
se yerguen como pirámides
alzadas una vez para las lisas.

La luna se hunde en cosas olvidadas:

botellas, lámparas a gas
generadores de luz y baños químicos.

Llegan vehículos cargados hasta de cocinas
la ciudad se enraíza:

Lo que antes un kiosco de completos
ahora un club social.

Las canchas de baby
improvisadas colonias:

abejas sin gracia de sol
cinemas porno, tecnología de luz robada.

Y el sitio donde compartíamos con dos familias:
una escena donde tengo treinta y seis hermanos
ocho madres, y una pieza de fonola
a la que huir a masturbarme.



Gastronomía

Estar reunidos en función de la cazuela.

Hablar en el asado con la dueña de la pensión.

Recibir en bolsas de papel
la empanada frita del domingo.

En las tardes
echarse al aire fucsia del verano.

Tomar cerveza helada mientras todo el mundo
habla del oficio y del fracaso
(fracaso por ejemplo separarse y terminar desempleado
viviendo en un cité cercano al puerto).

Saber del cocimiento y despertar en él:

contar temprano las conchas repatriadas
por debajo de la higuera.



Pensión en Coquimbo


El idioma
de una pensión
habla en tinte de caldo
y sandalias
en fritangas olvidadas
y el sólo espejo
del aceite
inmóvil.






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