viernes, 7 de octubre de 2016

Entrevista a Roberto Piva Por Floriano Martins

Entrevista a Roberto Piva
Por Floriano Martins


FM Durante los años 1959 a 1961 asististe a un curso
sobre la Divina Comedia, dictado por Edoardo Bizzarri, en
el Instituto Cultural Ítalo-Brasilero. ¿Dante habría sido la
puerta de entrada a tu poesía?

RP Yo no tenía ningún interés en ser poeta. Yo quería ser
gángster. Por entonces andaba por las calles de San Pablo,
armado con revólver, con sobretodo, imitando las películas
de gángster norteamericanos, Humphrey Bogart, etc. El
problema es que no logré ser gángster. Entonces terminé
escribiendo poesía, que es una forma de incentivar el
gangsterismo. Este curso sobre la Divina Comedia fue dado
por el entonces agregado cultural de Italia en el Brasil, y
allí comentamos y discutimos los tres libros de la Comedia
(Infierno, Purgatorio y Paraíso), un año para cada libro.
Yo asistí los tres años. Lo que ocurrió es que Dante, como
todo verdadero poeta, era un nómada. Fue expulsado de
su ciudad, chocó con todos los poderes constituidos de la
ciudad, con el tipo de gobierno que había allá, y pasó la
vida como nómada, a cada rato en la corte de un noble
de esos que le daba guarida. Yo también me sentía muy
nómada, y muy identificado con todos los personajes de
Dante. Yo tal vez no sea nada más que un personaje del
Infierno de Dante, que saltó fuera de la obra para dejar la
realidad en completo desorden.

FM En una entrevista que le hice a Claudio Willer, él me
habló de ciertas lecturas de Heidegger que ustedes hacían
en la casa de Vicente Ferreira da Silva.

RP Vicente fue el único filósofo original que tuvo el Brasil. Era
un tío que cumplía, no literariamente, no vegetarianamente,
la proposición de Oswald de Andrade, de antropofagia.
Para él, antropofagia era realmente antropofagia. No era
esa cosa literaria, pasteurizada, que esos profesores de
literatura están intentando hacer. Para él, era devorar al otro,
comer al otro, comer, matar y comer. Él creía que esto era lo
fundamental, porque era un filósofo dionisíaco, un filósofo
del delirio. Como las Bacantes, tiene que llegar hasta allá
y despedazar, matar a los Penteos y devorar. Tiene que ser
devorado, que ser estuprado. Vicente leía al pie de la letra la
antropofagia, y era íntimo amigo de Oswald de Andrade. De
ahí que fueran lecturas y discusiones de Heidegger y otros
filósofos, y otros autores entre mucha gente, porque la casa
de Vicente era un espacio cosmopolita, que frecuentaban
tíos del mundo entero, desde Guimarães Rosa, pasando por
físicos italianos, poetas franceses, críticos norteamericanos,
etc. De ahí que creo que 99,9% de los poetas brasileños
son altamente provincianos. Probablemente el único poeta
brasileño no provinciano fue Murilo Mendes, dotado de
una visión internacional, general, cosmopolita. Por eso es
que mi gran influencia en el Brasil es Murilo Mendes, y
esto en todos los sentidos, porque yo venía de una escuela
que era la misma que la de Vicente Ferreira da Silva, y mi
propia formación, siempre en contacto con personas de
varias nacionalidades. Yo salí fuera de la tribu, al mismo
tiempo conociendo profundamente esa tribu. Entones ese
provincianismo de escuelita, de capillitas, de tertulias
caretas de literatura, esa cosa de grupo, de tipo individuo
que va al diario y solo elogia a los del grupo del él, todo eso
es una cosa mediocre, una cosa provinciana que existe entre
99,9% de los poetas brasileños. Y en la casa de Vicente no
había eso. Allí se discutía Heidegger, se discutía Fernando
Pessoa. Allí conocí, por ejemplo, a Eudoro de Sousa,
famoso intelectual portugués, exégeta de Fernando Pessoa.
Eran momentos de gran participación, nuestras lecturas
de poesía, nuestras discusiones sobre Heidegger. En la
Universidad de San Pablo, fíjate bien, los comunistas de
la Universidad de San Pablo, los positivistas, nos miraban
como a chiquillada. En esos tiempos Vicente y la esposa de
él, Dora Ferreira da Silva, nos recibían de la misma forma
como a un Guimarães Rosa. Esto era formidable. Mientras
el personal de la USP nos estaba siempre marginalizando.
Actualmente son los mismos tíos de la USP, que en aquella
época combatieron mi libro Paranóia (1963), los que, cuando
me ven, abren mucho los ojos y quedan boquiabiertos, porque
encuentran una cosa maravillosa, brillante, y que descubrieron
veinte años después. Entre tanto, Vicente ya en aquella época
—él murió en seguida— mostraba nuestros textos a todas
esas personas, y discutía con nosotros con la misma seriedad
con que discutía con un Ernesto Grassi, un Eudoro de Sousa,
un Guimarães Rosa. En fin, todos bebíamos la misma porción
de ese caldo filosófico que era la casa de Vicente Ferreira da
Silva.

FM Hay en tu poesía innumerables referencias musicales
—“Miles Davis a 150 quilómetros por hora / cazando mis
visiones como un demonio”; o “Paul Desmond con su
saxo alto floreando en stacatto mi departamento”—, casi
siempre jazzísticas.

RP El ritmo del jazz es inseparable de mi poesía. Además,
ahora que está de moda Chet Baker, habrás visto que en
1963 yo ya hablo de él en un verso mío. Ahora está de
moda, lo descubrieron cuando está en la ruina, cuando está
en franca decadencia, convidando a unos babiecas de Río
de Janeiro, una gente que no sabe lo que dice ni lo que toca,
para tocar con él. Democratizó su energía, y ahí perdió todo
la fuerza. Actualmente es un tío totalmente sin garra, sin
aquella genialidad, si aquella energía de transformación
y de invención que tenía, hasta el punto de influir en
nuestra bossa nova. Todo ese balanceo de la bossa es el
balanceo de mi poesía. Una poesía sin música, sin juego
de cintura, es una poesía rígida, de los comunistas, de los
marxistas, una poesía absolutamente trancada dentro de
una tumba, que es la tumba del leninismo, que ya está
hediendo. Claro que el rock también me influenció, pero
no tuvo la misma importancia que el jazz, el cool jazz.
Pero hay evidentemente una influencia del rock, ya que
personas como Jim Morrison, Bob Dylan, Frank Zappa,
son excelentes poetas. Entonces el rock me influenció
también, e incluso antes que jazz. Yo fui, por ejemplo,
uno de los que en 1957 fui a recibir a Bill Haley, con un
grupo de jóvenes, allá en la Praça do Patriarca, donde él se
hospedó. Fuimos a hacer una manifestación de cariño, de
afecto. Posteriormente el jazz me influenció, y luego, en
seguida, la bossa nova. Yo fui un apasionado de la bossa
nova. Entonces esas tres corrientes —el rock, la bossa
nova y principalmente el jazz— son una constante de la
influencia musical en mi obra.

FM Hay el siguiente pasaje en el libro 20 poemas com
brócoli (1981): “no seré vuestro postre en esta corta
temporada en el infierno”. ¿La rebeldía sería el último
camino para el arte en el sentido de terminar con el dopping
de la sociedad de consumo? ¿O incluso esa negación ya
habría sido absorbida por el statu quo, convirtiéndose, para
usar palabras de Luis Costa Lima, en la “propia institución
burguesa de lo poético”?

RP Mi obra tiene que ser vista como un plan de fuga
de esta civilización. Todo lo que yo escribo, todo lo que
hablo, lo que vivo, todas las montadas que doy, es porque
no tengo plata. Por eso yo quería ser gángster, para tener
mucho dinero y escapar de esta civilización, vivir en una
isla, saltar afuera, vivir entre mahometanos, yo qué sé. Se
trata de un plan de fuga de esta civilización. Es evidente
que toda la poesía, que gran parte de la poesía brasileña,
actualmente está pasteurizada y combinada con los medios.
Hay diarios brasileños —y sus suplementos— que son
verdaderos lobbies editoriales. Las redacciones de esos
diarios intentan conseguir poetas que puedan ofrecer al
público una visión uniforme de la poesía brasileña. Hay por
lo tanto una castración, en proceso, una castración en masa.
Entonces es hora de que los verdaderos poetas salgan de
ese circuito, de nuevo, y paren con eso eterno de emerger y
sumergirse, porque la pasteurización está allí, cada día los
versitos están más bien educados, las bordadoras de poesía
están de vuelta, todo eso. Entonces, yo creo que una poesíaborracha,
una poesía-cancerosa, una poesía-lisérgica, ésta
jamás será alquilada por el sistema.

FM ¿Crees que la vida se modifique, que el hombre se
perfeccione?

RP La vida es un montón de ruinas. No existe evolución,
ninguna cosa. Y cada día más las personas están volviendo
prácticamente a una edad de piedra de la cual nunca salieron.
Vale la pena escribir porque tres o cuatro personas, media
docena aquí, otros tantos allá, amigos, un pequeño grupo de
personas, en mi caso los muchachos de los suburbios, los
muchachos sub proletarios, en fin, ellos son personas que
se identifican mucho con el tipo de cosas que yo escribo,
porque ellos no tienen que eliminar, ellos no tienen que
sacarse de la cabeza un principio básico para entender mi
poesía, la palabra criminal. Una poesía cuya trasgresión
apunta, en última instancia, al crimen, y a la anarquía
generalizada —no al anarquismo—, sino a la Anarquía. Mi
poesía no es más que la tentativa de instaurar ese desorden
en lo cotidiano de las personas.

FM Recuerdo aquí a Pasolini: “Tal vez la verdadera
tragedia de todo poeta sea la de alcanzar el mundo
solo metafóricamente, según las reglas de una magia
definitivamente limitada en su apropiación del mundo”.

RP No tengas dudas, el poeta es un solitario. Poeta que no es
solitario son los poetas oficiales, profesores universitarios
bien situados, casados, derechitos. Hay toda una mass
media atrás de eso, apuntando a transformar la poesía en
una armadilla más que hace mover el rebaño. Entonces esa
especie de complicidad de esas personas con el sistema
mira a la venta de obras, o sea, una poesía hecha en función
del ego. Mi poesía no está hecha en función del ego, sino
en función del delirio. Yo solo creo en el delirio, una de
cuyas manifestaciones es la poesía. Y estoy muy próximo
del arte bruto, del arte con locos, con niños, de mis amigos
grafiteros de paredes… La poesía es para conducir a esto.
La poesía, dice Lautréamont, debe ser hecha por todos. No
para todos, sino por todos, cada uno a su manera. Ahora,
querer imponer al pueblo brasileño una escuela, un único
capítulo de la historia de la literatura como el capítulo, esto
es un absurdo. Existen millares. La verdad es la variedad.
Fuera de esto es la uniformidad, la cosa totalitaria que ellos
quieren imponer, tanto los de derecha como los de izquierda
y los de centro, los de arriba, los de abajo, todos quieren
una visión uniforme de la vida, como si eso fuera posible.
Entonces todos están ahí, queriendo poner esa máscara,
imponer esa tumba a la sociedad brasileña, a la juventud.
Ahora, lo sabes bien, está aquel principio zen, aquel
principio taoísta: cuanto más practicas el no actuar, más las
cosas corren a tu favor.

FM Cierro recordando una declaración reciente de Pepe
Escobar, publicada en Folha de S. Paulo (27/07/85): “En
el Brasil no existe ni siquiera una poesía trágica capaz de
compensar nuestro descarrilamiento histórico. No tenemos
ni una Odisea que retrate dignamente la agonía de nuestro
pueblo. Falta hasta la pura y simple calentura en la cultura
brasileña. Todo gira en torno a compromisos de clubes,
mantecados de sublirismo. Y todo cae en la impenitente
banalización”.

RP Pues sí, es todo esto de que acabamos de hablar. Y todo
gira en torno de una única palabra: provincianismo. Y el
individuo siendo provinciano está perdido. Si entra en ese
juego de los media, está perdido. Porque eso pasa. Como
dice una frase de frase de Brecht: “de las ciudades solo va a
sobrar el viento que pasa sobre ellas”.
[1985]


Escritura conquistada TOMO I
Fundación Editorial El perro y la rana, 2009
Caracas, Venezuela