lunes, 8 de diciembre de 2014

LOURDES MARÍA GONZÁLEZ HERRERO: Poesía Cubana Actual




 Lourdes María González Herrero, (Holguín, 1952). Ha publicado los poemarios: Tenaces como el Fuego (Premio de la Ciudad 1986); La semejante Costumbre que nos Une (Premio de la Ciudad 1988); Una Libertad Real (Primera Mención en el Concurso Julián del Casal de la UNEAC 1989 y Premio de la Ciudad 1991); La Desmemoria (Premio de Poesía  Adelaida del Mármol  para las Provincias Orientales 1992). En 1992 publicó el libro de crónicas Acercamiento a la poesía de  Habla Hispana Escrita por Mujeres. En 1997 obtuvo el Premio de la Ciudad en el género Narrativa con su libro Papeles de un Naufragio, publicado en 1999. Su poemario El Luminoso Pájaro de la Memoria fue editado por la editorial Lunarena de Puebla, México.  Su cuaderno En la Orilla Derecha del Nilo obtuvo el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal 1999, año en que también se le confiere el Premio Nacional a la Mejor Edición de Libros de Editoriales Provinciales.  La Editorial francesa Índigo ha publicado en francés su libro Dossier d`un naufrage, en julio de 2002. Ediciones Holguín publicó en el 2002 una selección de sus  poemas, nombrada Fijeza del Amor. Obtiene en el 2003 el Premio Especial de Poesía Bicentenario de José María Heredia con su cuaderno Los Días del Verano, que es publicado ese mismo año.  La Editorial Letras Cubanas publica en el 2003 una antología poética de nombre Pasajera la Lluvia, año en el que la Editorial Oriente publica su novela María Toda, que un año después es reeditada por Ediciones Holguín y en el 2009 por la editorial italiana Iacobelli. En el año 2005 obtiene el Premio de Cuento La Llama Doble y el Premio Oriente de Novela José Soler Puig. La parisina editorial Caracteres publica su libro Sur la rive droite du Nil, en el año 2005. En el año 2006 ve la luz su novela Las Edades Transparentes (Editorial Oriente), y la segunda edición de su libro Papeles de un Naufragio (Editorial Letras Cubanas). En enero de 2007 recibe mención en el Premio Casa de las Américas por su novela inédita El Amanuense.  Ediciones Unión publica en el 2008 su poemario Afuera Sangran los Caballos. Ha sido  Jurado del Premio Casa de las Américas 2009 en el género novela y en el mismo género en el concurso Alejo Carpentier en el 2009. Recibe el Premio de la Crítica por su novela Las Edades Transparentes, octubre 2007, y esta se reedita en el 2008. Año en el que obtiene el premio Nacional de Cuentos Guillermo Vidal, con su libro La Sombra del Paisaje, publicado por Ediciones Unión en el 2009. Es Directora de la revista de Arte y Literatura Diéresis. Dirige el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Pedro Ortiz y el Sello Ediciones Holguín.  Es miembro de la UNEAC y de su Consejo Nacional y Preside la Filial de Escritores en Holguín. Ostenta la Distinción por la Cultura Nacional. Su obra ha sido  recogida en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. En el año 1997 fue incluida en la Enciclopedia de la Literatura Latinoamericana.


Selección por Gladys Mendía de El Fuego Recobrado, antología inédita de poesía escrita por mujeres cubanas.





CONTORNOS

Huele a final el aire,
a lo inmediato del día que acontece,
a lo increíble de mañana.

Aquí está mi espejo
y no sonríe en él mi igual estancia,
y no se cae en él mi corazón;
y yo no sé por qué, yo aún no sé.

Aquí está mi diagrama, mi mapa, mi dictado,
mi mantel sin poner,
mi cena sin hacer,
mi cama desvestida,
y está mi corazón haciendo ruidos,
y está mi multitud acobardada,
sola encima de la mesa,
con el mantel doblado bajo el brazo,
con mi cena en el sueño.
Aquí está mi escritorio, mi espuma, mi centella,
y está mi subterráneo meditando,
y está mi superficie repartiendo,
y mi inquietud imagina la cena,
la reduce, la compra, la repone.
Está mi pueblo aquí, sus ladridos,
sus timbres, sus colegios,
su soporte de cal, su soporte de hierro, su angustia,
y su primera guerra y sus combates están aquí también,
junto a los míos,
aquí, donde no me han puesto el mantel ni la cena,
donde irremediablemente compongo mi verso,
y, sin dudarlo, permanezco.







PASAJERA LA LLUVIA

La lluvia llegó a ser en la ciudad una evocada pasajera.
Lluvia, la pasajera,
yo quiero transitar en tu humedad muy lejos de este sitio,
pasajera que conmigo naciste en los caminos
de ese otro tiempo nunca semejante,
que obligaste al caído a ser el héroe
y creciste una vez en la angustiosa palma de mi mano
como un raro designio de la suerte.
Pasajera del valle y de la cumbre
donde el sol te sorprende adormecida por todo,
del mismo valle y de la cumbre
donde la luna te mece y te protege.
Pasajera temible que dispones y arguyes y compruebas
todos los signos mágicos del polvo y de la claridad.
Pasajera,
regresa a cambiar la fachada de casa,
a hacer resurgir el eco de colores que se ha vuelto tan triste,
a condenar a los fantasmas del sol en tu humedad sombría,
cae sobre mí y sobre todas las cosas.
Pasajera del abismo inmortal,
adelanta el reloj en la única iglesia
y ven a convencernos de esta vida que a ratos se me olvida
entre papeles y almohadones falsos de lino que incita al paso libre.
Pasajera que si no llegas hoy
habrá que quebrantar quién sabe qué luz mansa o qué animal
que ahuyente este calor de entre mares y tierras
pero la pasajera sigue aquí, tras mi pupila y tras el empapelado de la casa,
sin que nada convoque su caída,
su abismarse plomizo
lentamente.
Pasajera la lluvia,
llégate acá un buen rato a colorearme con tu asombro de niña, de vieja, de ama,
de reina del absurdo.
Ven que convalezco aún de estas pequeñas muertes cotidianas
y tú puedes sanar mi mueca con tu fresco limpio y discordante cayendo
en mi memoria, rodando por el relieve de mi cuerpo.
Pasajera fugaz del surco polvoriento, del camino, del pueblo,
ordena de una vez mi soledad,
pon lo posible aquí,
ordena por favor en este día el horror de mi ser
o mándame al infierno de tu ausencia por años y años y más años.
Pasajera de llanos y trigales más rojizos que el propio resplandor eterno,
la sed consume el pie del abatido
y condena la piel del conducido atroz por la violencia.
Pasajera, no dejes sin llenar mi vaso de paciencia ni de supremo amor,
ni dejes vacía la cordura, ni el pueblo:
ahora sé, pasajera, tu derrota,
tienes lanzas tan leves
que llegas a matarme y no lo siento
más que en el olor a sal, a origen, a humedad.
Lluvia, la pasajera, ven,
orienta el torpe viento que encarcela mis pies,
bate estas tempestades en las que no hago otra función que la de navío,
que la de barco y náufrago
al tiempo que tú callas obstinada en volver al gran recuerdo.
Pasajera que enarbolas furiosa tu bandera de huracán,
de vientos cómplices y contrarios,
desata el hilo que une este batir de ideas con el tiempo,
no vayas a romper el del amor, pasajera constante,
que no existe después la menor vida ni el más pequeño asomo.
Pasajera de aguas y retoños que acaricias el suave monte verde
y la penumbra mística del pozo,
pasajera, extraña pasajera que entornas mis ventanas y recreas mis soles
en las quietas rendijas deslumbrantes en que ardió el sol su esfera múltiple.
Pasajera,
y luego de repente quieres renunciar a traernos la música,
la única música que entienden los sentidos que tú misma bañaste en tu rubor.
Pasajera
la lluvia,
pasajera que olvido bajo el techo, como si fuera posible olvidar el amor.
Pasajera la lluvia:
yo quiero transitar en tu humedad muy lejos de este sitio
estremeciéndome.







TENACES COMO EL FUEGO

Este pez, este labio,
este sereno ambiente,
la ventana abierta y el aire que fecunda
pequeñas floraciones para el amor.

Esta gota de agua, este mantel,
esta angosta figura donde una mano repasa toda la luz,
y ademanes oscuros tejen los recuerdos sobre la hierba limpia.

Esta hoja, este animal cruzando suavemente los presagios,
este muro, este pino, este rumor,
esta casa donde imaginamos preservar la vida,
este vaso sin relieves, este cuerpo desnudo
donde nunca se entroniza la noche.

Este pan, esta corteza húmeda,
esta savia, la claridad, la lluvia,
la arena brillando en un modo de descubrirnos desde afuera,
de sentirnos permanecer entre las cosas, tenaces como el fuego.









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