miércoles, 5 de febrero de 2014

FRANCISCO LEÓN. Narrativa Actual Peruana.

Brevísima reseña sobre Tigres de Papel, de Francisco León. (Altazor, Lima/2013)
Por Gladys Mendía

Novela de narración fragmentaria, a veces poética, con mucha cultura pop (letras de canciones, nombres de calles y avenidas, el lenguaje popular). Los personajes reflexionan sobre la realidad, critican el sistema de poder, de los cuales son víctimas y victimarios. Se muestra las diversas clases sociales de Perú y sus pugnas, en especial con ejemplos limeños. Los personajes tienen bien definido su "profundidad psicológica". La narrativa de Francisco León es una mezcla de varias cosas a decir verdad, tiempo pendular, metatexto, cultura general, experiencia vital y una forma muy propia de narrar; varios aspectos que la hacen notable y memorable en la literatura actual latinoamericana.

He aquí las primeras páginas del libro, para que sirvan de abreboca al apetito del lector:





RECUERDAS, FABIANNA, tus apresurados pasos en umbrías tardes invernales. Eran solo y siempre, algo  como un llegar a casa, juventud y ansias nuevas palpitando entre  tus  piernas. Ahora  bancas  de  hospital,  falsos techos de concreto y losetas que nos sirven de mortaja a los misios en nuestro tránsito a la nada. Mas no a tu andar eterno por calles, buscando bajo un cielo añil tuberculoso hipnóticos rumbos.




***



—HOLA.
—Ah, hola.
Ella  roja,  tanto  como  su  dulce  boquita.  Es  la magia de la estación, el retorcido esqueleto de pétreos ídolos mormones desquiciándose en la estrechez de sus dominios. Sometimes i feel so happy, sometimes i feel so sad. Sometimes i feel so happy, but mostly you just make me mad. Baby, you just make me mad. Linger on, your pale blue eyes. Linger on, your pale blue eyes...
Se observa en el espejo y súbitamente descubre su hermosura, de una manera simple, alejada de falsas  revelaciones. Al pie de la ventana se divisa el enmarañado extenso del parque, angustias poco importan, rostros no se distinguen en vegetal/mosaico. Sin embargo, sí el de él, vecino muchísimo mayor, apariencia descuidada y bohemia, pero romántica en extremo, algo entre cuentos de hadas y pistoleros ante los hermosos ojos celestes de Fabianna. La sangre animal golpea su corazón, bajo el blanco seno... Thought of you as my mountain top, thought of you as my peak. Thought of you as everything, i’ve had but couldn’t keep. I’ve had but couldn’t keep. Linger on, your pale blue eyes. Linger on, your pale blue eyes...
—Hola, y... —procede a profanarte con la palabra porque le gustas.
—Ojalá mi mamá no se entere, qué churro.
Y la pícara pero a la vez tierna sonrisa. Él prosigue su camino. Volteando el parque, en una tienda...
—Ayer vino Fabi a comprar yuquitas, pero ya no habían.
—Umm... Gracias.
Guarda el vuelto. La yuquita en su mano, redonda cual sacha papa rellena, embarrada con keptchup, salsa wolf y mayonesa.
—Ají, no, seño. Estoy mal de la garganta —se marcha.
En  dirección  contraria,  a  ella  le  revuelan  los pensamientos.
—¿Se habrá dado cuenta?—buscando alguna amiguita a la cual contarle, apurada, energizada por las hormonas y los años. It was good what we did yesterday. And i’d do it once again. The fact that you are married...
Sí, niña, lo sabe, hace rato se dio cuenta, ante su paso, cuando te disfuerzas y lo saludas, solo cuando no te rodean tus amiguitas, ¿para darle celos acaso?, el amor al nacer no es perverso, en apariencia; hace rato se dio cuenta.
Enciende  la  noche  tu  pelo  negro,  como  si fuese el fin del planeta, pues eres hasta aquel hoy incomparable,  el  final  de  la  existencia  no  derrite eso,  alimentando  hogueras,  fogatas,  calefacciones intuidas  bajo  lechos,  molestando  sin  querer,  muy sólidos hogares...  only proves, you’re my best friend. But it’s truly, truly a sin. Linger on, your pale blue eyes. Linger on, your pale blue eyes.




***


Como toda empleadita de tienda
Soñó con ser estrella de cine...
ERNESTOCARDENAL

—Y TÚ  CON  QUÉ  SOÑABAS, RUBÉN, en esos años, ¿acaso con ella?, con culpa, con rabia y deseo por ese cuerpo esplendoroso,  ¿por  aquel  pedazo  de  carne?  No,  tú querías ver en ella lo que hace mucho no habitaba más que en su subconsciente y en tu memoria de lo desconocido. Y pensaste, Rubén, en expulsar duramente a los mercaderes de la 20th Century Fox, como dijo Cardenal. Cuando realmente ya la zorra andaba por otro lado. Mas nunca podías dejar de estar templado, Rubén, cómo la anhelabas ¿no? y deseaste exorcizarla y la perdonaste por todo lo que no te hizo.  Tú no culparás tan solo a una empleadita de tienda. Pero ese Dios al que le hablaba Cardenal no es otro que su voz poética, su yo profundo que reza, te perdono empleadita de tienda, y sueña con una casa suburbana, Krujis Corn flakes & jugo de naranja artificial, siestas por la tarde y  noches  de  sexo  aburridísimo...  Pero  ¿sabes?,  ella estaba harta de aquello, de ser espiada y tocada por familiares cercanos seguramente, pues cada hogar es un infierno y Satanás mete el rabo peludo hasta en la cama de los niños... se pudre todo antes de llegar a ser cierto. Y allí está tu culpa, tu trauma, el odio a tu propio sexo quizá, que siempre la añora y la desea. En noches interminables querías liberarla, pues el mundo estaba  contaminado de pecados y radioactividad y  quién  crees,  infeliz,  que  tenía  solamente  hambre de amor y nosotros, el mundo, los malos, le ofrecimos tranquilizantes. No es así, Rubén, lo único que podía ya curar su alma de fantoche, su profanada piel tan blanca era el dinero, sí, el color verde de sus promesas, vigiladas por el ojo eterno. Duele creer que es así siempre, un mundo no pensado con nosotros ni para nosotros. Qué pretendías, que siguiera por siempre deseando, creyendo que sería joven por siempre. No, ella tuvo algo y comparado con la nada que nos espera... —El Cuervo arrojó lejos el poemario de Ernesto Cardenal; le estorbaba.




***




¡NO!,  DEFINITIVAMENTE no quiero morir en un hospital, dijiste una noche entre zancudos,  prefiero la libre muerte de los pasteleros..., y sonreí, pues sabías que no te creía, ni tú lo creías; no obstante, recordé aquel dolor por Carlos, uno de los fundadores en el barrio, llamado a ser el mejor, con cinco hembras en distritos diferentes, llevándose ropa fina para venderla, camisas de seda que le dabas, aquellas de cuando Xavier empezó a hacer algo de dinero. Dolor por Carlos, tal cual  y lo comprendí después, cuando destruido llegó a las afueras del crematorio, dispuesto a cumplir una promesa que le sacaste casi en broma. ¿Fumarás sobre mis cenizas? Carlos, el calvo, el hermano perdido, tu amigo.
... mi cuerpo ardiendo por la fiebre, luego negrura, inconsciencia...completé las frases y nunca te lo dije, hasta hoy, que ya no estás hace mucho y no sé si serán las mismas... labios infinitos cerrándose sobre algún grass amarillento que no me extrañe, e incluso me detesté para mandar ejércitos de hormigas y cucarachas a lamerme los pezones, a roerme las entrañas...
Fuertes y bellas palabras, pero la libertad a veces no basta, lo sabes tras el duro choque contra una realidad  descalza.  El  tiempo  se  arrastra  como  una serpiente de piedra. Escaleras en el lomo, desde las cuales podemos recibir al sol. Si es que aún hay tiempo. ¿Hay tiempo?, aquel que no te roban, sea con amor, fuerza o engaños, todo el tiempo del mundo, pero estás en una quinta de humedecidas paredes, hasta que te llaman y brilla intensamente sobre tu cara un sol que no deja de fornicarte recuerdos y recuerdos.
—Familiares de la paciente Fabianna Dextre...
Te apersonas, pues lo sientes, aunque sabes que...
—¿Es usted algo suyo?
—No —sorprendido, atónito—. Quiero decir no familia, amigo solamente, pero tantos recuerdos entre  ambos  no  habrían  entrado  en  las  camas  del nosocomio.
Así lo escribió, “amigo”. Nombre y apellido.
—Claro, firme aquí.
Xavier escuchaba, absorto, medio ido y tú a su lado.
—Su cuadro es inestable en estos mo...

Recuerdos.







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