martes, 17 de diciembre de 2013

ALEJANDRO SEBASTIANI. Poesía Actual Venezolana


ALEJANDRO SEBASTIANI VERLEZZA. (Caracas, 1982) Licenciado en Comunicación Social (Universidad Santa María, 2005) y Letras (Universidad Central de Venezuela, 2013). Cursa el diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco. Participó en la IV edición de la Semana de la Narrativa Urbana, así como también en los proyectos expositivos Ciudad volátil: arquitecturas transitivas de la vanguardia caraqueña (La Caja, 2011), Confluencias (Caracas, Galería Universitaria, 2012), Reflejos vagabundos (El Buscón, 2013) y Caracas horizontal (2013). Ha publicado una plaquette –Posdatas, El pez soluble, 2011) y Derivas (Bid&co, 2013). Ha facilitado talleres literarios en la ONG Corriente Alterna, Librería Kalathos,Centro Cultural Chacao, Artkao, la Universidad Simón Bolívar y el ICREA.


Selección de fragmentos por Gladys Mendía del libro Posdatas




voy ganando más en blanco y puedo presentir si
hay un fondo; pero no hace falta precipitarse
hacia el abismo, solamente estar quieto y aislado,
escuchando el dúctil rumor: olas de sangre
navegando por las arterias; cuando una sola
tantee la implosión, habré llegado sin darme
cuenta al júbilo.




suéltame en la quemazón del aire, cegado por el
laberinto, es pronto para rodearme con la asfixia:
quedaré, lo sé, como el que sale del mar, exhausto
y medio sordo, sitiado por el sol; no más llamados,
quiero abandonarme en el aliento de tu no;
arráncame en la encrucijada, hazme girar hacia
el lugar donde el polvo se revuelve: allí me abarco
y expando. Te lo ruego, que voy a soltarme de la
carne para perseguir la imagen.




semillas, fragmentos de recuerdos informes, me
van sitiando ocasionalmente;
deseoso de lanzarlos al olvido, fallo
y van acumulándose conchas de acera, traspatios
de bares deshechos: chocaban las copas en su
risoteo, preferían claroscuros, sótanos, en el horno
intentaron transmutar sobra en caldos milagrosos

ahora unos potes de basura me devuelven una
dimensión más real del paisaje; pero yo me deslicé
rápido, lo juro, como si no quisiera que el ojo
pudiera darse cuenta.




tantear esquelas, dijiste, como si fuera ceniza la
tinta disuelta por el ondeo de los charcos, espejo
de cuerpos en fractura;

entre borrosos juncos y ramas secas, voy armando
una red de postdatas descontinuadas, sin asombro
ni descalabro,
apenas con el perspicaz desaire del que aguantó
una patada del azar




dar vueltas tras pisadas que no tienen brújula
sin esperar otra cosa que el mareo del absurdo
como quien emprende un viaje sin maletas
desatornillado de las paredes corroídas
sin afán por la circunstancia azarosa
cuando el cuerpo juega a favor del goce
enganchado en posibles travesías devoradas
                                          / por el tiempo
con los adioses atravesados en la garganta
sin más que un agrio estupor







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