lunes, 18 de febrero de 2013

Sobre LLuvia, de Victoria De Stéfano


LA ESCRITURA COMO SALVACIÓN EN
LLUVIA
DE VICTORIA DE STÉFANO
Por Gladys Mendía


La escritora Victoria De Stefano nació el 21 de junio de 1940 en Viserba, Italia. Llega a Venezuela en 1946. Es Licenciada en Filosofía y ha publicado: El desolvido (1971), La noche llama a la noche (1985), El lugar del escritor (1992), Cabo de vida (1993), Historias de la marcha a pie (1997), Lluvia (2002), Pedir demasiado (2004). Paleografías (2010).

En el presente ensayo sobre la novela Lluvia, se intentará dar cuenta de la escritura como herramienta de supervivencia; del consuelo que brinda la creación literaria al ser humano de agudeza crítica y de amplias inquietudes existenciales.  Ya en el prólogo del libro, nos dice Ednodio Quintero que Victoria De Stefano reflexiona permanente a lo largo de toda su narrativa sobre vida y escritura como un solo tema, pero es en Lluvia donde encuentran su más esclarecedora y equilibrada consideración. También aconseja leerla en paralelo con El lugar del escritor (1992), pues ambas son unos formidables sistemas de representación.

Lluvia, enmarcada en el estilo autoficcional, usa el metalenguaje como recurso discursivo, abunda en imágenes visuales y olfativas, bajo un lenguaje culto y ampliamente simbólico; inicia la primera parte con la descripción de un cuarto, sus muebles, abundantes libros y luego pasa al clima, al paisaje, todo lo que se puede observar desde la ventana del segundo piso de una casa. El narrador en tercera persona nos sitúa en el espacio físico donde habita una mujer. Las características de esta mujer son interesantes, ella es sumamente observadora y reflexiva, compasiva y empática. Gran lectora y escritora de cuentos. Su nombre es Clarice. Es inevitable asociarla con la escritora de narrativa brasilera Clarice Lispector, ya en la segunda parte de la novela, la misma escritora-narradora, explica que es en honor a Clarice Lispector que nombrará a su personaje así. Todo va normal hasta que ocurre un incidente, una visita inesperada producto de la situación climática. Es José, el jardinero, quien le pide posada a la señora Clarice. En la última página de la primera parte del libro, se informa que Clarice lleva un diario desde hace 4 años. Desde el inicio de la segunda parte, accedemos a la lectura de ese diario que inicia el 29 de mayo y termina el 9 de septiembre. Podemos preguntarnos, por qué el recurso del diario, por qué mostrar ante el lector sus más íntimos pensamientos; es como desnudar el alma en público y además dejar para siempre ese registro impreso. Los que escribimos literatura, sabemos que nuestro oficio es solitario, pero por otro lado, cuando el escritor termina su obra, la comparte socialmente, con su comunidad, ya sea la intelectual o la ciudadana en general y hasta en algunos casos, viaja a otros países donde le entrevistan, agazajan, etc., y todo gira en torno a ese hecho literario, a esa obra que escribió en soledad, enfrentándose a sus más variados estados del ser. El creador literario, se debate entonces entre un estado íntimo y otro público, pero en este caso, la novela permite el acceso directo a esa intimidad. Usar el recurso del diario es una invitación de la escritora a su mundo interno, tal vez, para no sentirse sola, tal vez para que entendamos un poco más el oficio de la filósofa, de la escritora latinoamericana hoy día.

En la segunda parte de la novela, el lenguaje, al mismo tiempo que se vuelve más intelectual, filosófico, más teórico con respecto al ejercicio de la escritura, también lo es en cuanto a su expresión emotiva y confecional. Nos es revelada la técnica: el arte de escribir una novela y todo aquello imprevisible que experimenta la escritora en el proceso.
La narradora nos muestra su búsqueda como ser creador a lo largo del diario. Es abundante en cultura literaria, citas de diarios de escritores, historia universal, reflexiones filosóficas. Además de experiencias muy íntimas y personales: describe su tercer parto. Comenta que su abuela escribía poemas. Habla de su amigo escritor llamado P., su vecina de arriba Wanda, el amigo de su amigo llamado Jacinto, quien era jokey y médium. Ella escribe todo: sus encuentros con la gente, sus observaciones y reflexiones, angustias, sueños y pesadillas, insomnios, paseos por el vecindario, viajes. Todo es materia para la creación y su diario es el receptáculo perfecto al igual que para otros escritores de la literatura universal. Hay reflexiones sobre los conceptos de Belleza, Verdad, Arte, Vida, Poesía, Felicidad, entre otros. Ahora bien, también podemos preguntar, por qué se nos muestras citas de los diarios de otros escritores, tal vez sea para no sentirse sola en este oficio, para encontrar lugares comunes con los demás escritores que ayuden a esclarecer el camino propio. Los diarios de estos grandes escritores como grandes amigos con los que establecer diálogos en el mundo de las ideas.
Si revisamos las características de la novela lírica nombradas en el libro Las voces de la novela, de Oscar Tacca, observamos que muchas de ellas están en Lluvia. Está presente a lo largo de la obra el monólogo interior, la confidencia, el desplazamiento de la acción a la reflexión, la acumulación de experiencias sensoriales, la corriente de la consciencia, la intensidad de la expresión y si nos preguntamos acerca de la fragmentación o la ruptura de la continuidad, podemos afirmar que este aspecto se encuentra plasmado en la estructura de la obra, no en su eje temático.
En la segunda parte, con fecha 4 de julio, la narradora reflexiona en su diario:

Encuentro fascinante la posibilidad de ir creando armazones cada vez más amplios, la posibilidad de sincronizar a través de un hecho único hombres de tradiciones, culturas y geografías diferentes, de urdir historias con las que poder ensartar una mayor porción de hilos a fin de extraerle jugo y sustancia incluso a las vidas más corrientes. Las vidas pueden ser cortas pero en la desenfrenada libertad del género está la posibilidad de estirarlas.

En la narrativa venezolana actual , hemos leído varias novelas que guardan un elemento común o hilo conductor, y es la reflexión sobre la creación literaria, dando cuenta de sus procedimientos. En Historia de una segunda vez, de Federico Vegas, el protagonista se pregunta: ¿Cómo definir la fortaleza de un arte que se ocupa de preservar nuestra fragilidad? Escribir es tomar la decisión de presentarnos sin estar presentes. En Corrector de estilo, de Milton Quero Arévalo, una novela humorística, donde se describen las aventuras del “Círculo de la Testosterona Literaria” y cómo el protagonista asume la corrección y re escritura de un texto ajeno. En La expulsión del paraíso, de Ricardo Azuaje, se muestra la escritura desde la otredad, y en Cadáver exquisito de Norberto José Olivar, se narra la vida de un escritor surrealista venezolano: Hesnor Rivera.

Volviendo a Lluvia, en la construcción de su texto, la protagonista es víctima de la frustración al no conseguir imprimir en sus páginas aquel contrastado equilibrio, aquel estilo traspuesto en consonancia con la libre movilidad de la vida, corrige y corrige, pero no logra alcanzar su meta, en la primera parte se narra este momento:
Algo andaba mal, y ese algo eran ella y sus frágiles descompensadas cuartillas finales, con apenas dos, a lo sumo tres, elocuciones de verdad y eufonía. Siempre estaba cambiando de parecer respecto a lo que escribía.

La escritura como el intento de poner en orden el caos interno, todo lo observado, sentido, leído, analizado, recordado, soñado. Colocar en papel el discurso interior es un acto de orden consolador y salvador. En la segunda parte de la novela, el día 30 de junio, a propósito de la lectura de Fedro de Platón, la escritora reflexiona:

El proceso del lenguaje escrito es más reflexivo y amplio, las palabras hay que rumiarlas, decantarlas, suplantarlas, alisarlas, ubicarlas e intencionarlas adecuadamente en beneficio de la progresión del periodo en el que se gesta el pensamiento. El lenguaje escrito tiene que ver más con las profundas modificaciones que derivan de la necesidad de poner a punto la realización de una meta que de la necesidad de expresarse. Para expresarse basta el grito.

En el diario, de fecha 4 de agosto, luego de leer una carta de Flaubert a Turguéniev, anota: El escritor como el santo aislado y asilado quiere ganar la torre que lo conducirá al cielo antes de que esta se derrumbe bajo una avalancha de mierda.

La escritura como la búsqueda de ascención, de sublimación de todo lo mundano que se gasta, descompone y perece; en cambio, la torre que es el oficio literario, mantiene al escritor vinculado a lo elevado. Es así como la narradora-protagonista hace incapié en esta dualidad platónica de arriba/abajo; el piso de arriba de su casa es el lugar de las ideas y el piso de abajo, es donde ella desarrolla lo necesario para la supervivencia del cuerpo, están la cocina y las áreas comunes con los demás personajes. El piso de arriba como el lugar de la introspección y el silencio necesario para la creación filosófica y narrativa.

Maravilloso e inagotable mundo de la creación artística, la luz que brinda el pensamiento nos muestra el camino en la indagación de lo que somos. Lluvia, extraordinariamente escrita por Victoria De Stéfano, nos devela su oficio literario y filosófico y es un regalo único e inspirador para todos aquellos que vivimos y amamos la literatura.

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