viernes, 22 de junio de 2012

Reseña sobre Me Usa. Por José Antequera Ortiz





Me Usa,  Brevísima Antología  Arbitraria, Perú-Uruguay reúne  una serie de textos poéticos que  bajo el signo de una iniciativa editorial de integración continental presenta ante el lector comprometido con su participación en la creación literaria, el reto de un  camino de compresión que logre construir un sentido, un destino para la totalidad de la propuesta reunida en la antología. 
    Es así como los mecanismos variados de la conciencia de ese lector activo que exige nuestro presente, prefiguran  un efecto de proyección sobre la aparente fragmentación de territorialidades creadoras en tiempos y espacios distintos, devolviendo para sí mismo y para los demás, unos textos poéticos instalados en un horizonte individual y social  actual que den cuenta de la existencia de un continente cultural latinoamericano transversalizado por temáticas que resurgende las antípodas de la creación literaria con audaces  propuestas formales de escritura poética, pero que muestran asuntos que no han sido cancelados por el optimismo de la publicidad, la moda, el consumismo como práctica política y la apología de esa nueva teleología propuesta por los sacerdotes de la globalización: no hay nada qué hacer, el fin ya nos alcanzó hace tiempo, la historia terminó para los desheredados de la tierra…
    La poética de la decepción, la angustia de la existencia, la crónica obrera (urbana y marginal) que recorre los contenidos de esta antología contravienenlas recomendaciones de los intelectuales de las grandes fábricas del consumo global de ideas y excedentes industriales, mostrándonos  las potencialidades políticas del textoliterario  cuando se lee más allá de la propuesta formal que estructura y da cuerpo a la escritura. ¿Si  toda escritura pasa necesariamente por la conciencia lingüística de la forma, por el sentido de la forma, por qué entonces no recuperar de esa escritura la comprensión individual, social, política y cultural del contenido, el sentido o destino de esa escritura como realidad y vida? Es allí donde vemos el valor de la antología, en la necesaria desestructuración de la forma poética como totalidad significante que da paso en el contexto de la aparente fragmentación estructural de las distintas propuestas formales de los textos, a la revelación de un contenido supratextual que los religa a un como destino de compresión unificador.
    Tal destino, que en un sentido estricto representa la politicidad[1]de la escritura poética,  no es una vuelta a los acercamientos contenidistas de la crítica sociológica marxista dela literatura, es, en todo caso, una lectura que articula la función social de la escritura en  el contexto del sistema cultural que la sostiene.
     Contra la retórica unificadora de la globalización militante, y la teleología que la acompaña, el continente cultural latinoamericano se yergue para responder, en la voz de uno de los poetas de esta antología, “Latinoamérica es una danza silenciosa, la suma estación de estallido y desencanto”. Esta definición poética del continente, frente a la modernidad optimista de los mercados, funda un principio de conciencia crítica transformadora de un territorio poseedor de una cosmovisión particular que no oculta las relaciones con otros espacios geopolíticos a los que  interpela proféticamente desde un lugar de enunciación autónomo: “Estados Unidos de Norteamérica, una emboscada te acecha entre arbustos y desiertos”.
           
    El relato de esa disposición denunciante, contestataria y protestona de los sistemas económicos expoliadores que han penetrado las intimidades del ser, aparece en el tono de algunos fragmentos de la voz común que atraviesa la antología:

envolver sus extremidades con el abuso policial y la corrupción de los ministerios y el puto sistema capitalista, envolver su dorso con las estadísticas económicas y las encuestas políticas, volverlo a envolver con la injusticia social, con los jubilados que mueren haciendo cola, con los enfermos y los niños que lo único que tienen en la vida es una enfermedad extraña que se llama olvido, con los jueces que se hacen ricos y los clérigos prostituyendo el paraíso.


Y más adelante,

por eso nomás voy a limpiarme los lentes de toda esta tristeza
y con la piel apenas asida en mi palma recalada al rincón de un sistema
voy a puñetearme secas lágrimas de la noche…


Para informarnos de una contenida rebeldía que espera su hora y que tiene en los(as) poetas de esta antología,  a los(as) oficiantes del viejo culto a la palabra que intenta conjurar un tiempo que no tarda en llegar.


José Antequera Ortiz
Mérida-Venezuela
Enero de 2012

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