sábado, 18 de febrero de 2012

Chemané Arias Rodolfi. Poesía Actual Venezolana




Chemané Arias Rodolfi. Nacido en Tucupita, actual Estado Delta Amacuro, en septiembre de 1978. Historiador del Arte. Trabajó durante dos años en Egipto fotografiando los monumentos de El Cairo. Ha dado clases universitarias en Arapuey, Nueva Bolivia, Ejido y Mérida. Autor del libro La Iglesia de San Miguel de Boconó y su retablo mayor. Actualmente forma parte de Encayapa, colectivo dedicado a conocer y aplicar técnicas constructivas de la arquitectura tradicional de Venezuela.


O-O

Y si yo tuviera los lentes redondos,

¿Mi pecho estaría cruzado por
el emblema de Santiago
como aquesta Mérida?

¿O amarrado por una flor lapizlabial
a la raíz de una bala?

Quizá prepararía té y galletas
para mis amigas
de mínimas tardes.

Habría redactado un tratado a las gracias
y desgracias
del ojo del culo
o una canción
en la que me llamo morsa y hombre-huevo.

Habría dado a luz el mejor soneto de la lengua castellana,
hijo del Amor
que mueve al sol
y las demás estrellas
más allá de la muerte,
o la canción que todo lo imagina:
¨nothing to kill or die for¨
-¿y ese vientre moreno y tenso
como la goma lúbrica de la canela?
-¿y tales ojos como el abismo en la noche?
Claro que luego sería preso
y tengo hijos que alimentar.

¿Sería yo un creador de belleza?
Si, como los demás, apenas puedo amarrarme los zapatos
y usar el celular.

-hay legiones sin celular ni zapatos

Y la belleza que ya está allí, sin que nadie la empuje,
sino que aparece entre las grietas,
en los juguetes de plástico y los motores de los carros:
¨take credit for it¨ le dijo a Gehry su profe de cerámica
y en los créditos no salgo

yo

aspiro y espiro
mi destino línea de fuga
que se escapa triangulado entre el emblema, las galletas y la bala.

(8 de junio de 2010)



Esta ciudad me hace pensar cosas extrañas
y desear imágenes de formas olvidadas,
la lluvia que regresa a nubes apagadas,
el parque silencioso, el hilo de la araña

quema la tarde
las naves del tiempo

sobre el espacio oscuro. La tez de la guadaña
corta la soledad y trazo sin medida.
En el led de tus ojos estallan las vitrinas
y el poliéster se arroja a tu cuerpo en campaña

las abubillas y las calandrias
vuelan
sobre los jardines de Nínive

publicitaria. Quién llora tras la fachada:
las cifras y modelos de nuestra Compañía
estrangulan la luna del Mar de los Sargazos.

célebre por tu cintura
y el arco de tus hombros;
por los remolinos negros
en tu nuca de seda

Los usuarios prefieren la dicha procesada:
tu corazón y el mío extractados en pasos
repetibles. La tele nos hace compañía.

y sobre los ríos de Babilonia
se dibuja la sonrisa
del ángel exterminador.

(Valencia-Mérida, agosto 2010)



Medley / Varia


Final

Nos consume el afán de más y más.
Si consiguiese ver
con ojos de certeza

más allá de mí mismo

y me encuentre fielmente

más allá del revés del espejo

no habrá muerte o temor:
Cuando algo es querido por el Cielo
ya nada se le opone.

I

Dicen que los demonios usan botas;
los ángeles, escarpines;
y las mujeres, alas invisibles
con las que acarician a los niños
y se roban a los enamorados.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete,
cada día una obra.
Todo en siete sonidos
cinco sonidos
y otros siete sonidos
silábicos
los ángeles suben y bajan al Sol
por la escala diatónica
de tu terso romavali.
Ocho, nueve, diez, once, doce, trece
nuestras vidas son torrentes y arroyos
que van a dar a la mar
que es el morirse
en la membrana erizada de tus pechos líquidos
sin amarras
felizmente alejados
de soledad y tiempo.

II

Capitán Garcilaso, este es el programa para la Ciudad del Sol:
Night in Managua
Solaris
Ella
Plenilunio
Pico-Pico
My Heart, My Light
Complicated
Blue Tropic / Tristes Trópicos
Maracuyá
Una canción, una tarde
Luego de la muerte
habrá alguien que cante
bajo un árbol de maguey
cual Ella Fitzgerald o Billie Holliday
música nunca antes escuchada
en esta tierra.
Garcilaso,
a imagen y semejanza
de Adán en el Edén
no existimos sin palabras,
nombrando cosas
que son palabras de otra voz.
Garcilaso,
cómo convertir esta habla de mozos de mulas
en vehículo adamantino de gracia y belleza,
hacerla decir lo que dice Dios
en lenguas más antiguas, Fray Luis.
¿Cómo se dice Ridwan en castellano,
cómo se dice Pâramitâs
o cómo se dirá Akuena?

III

Dueñas que habéis intelecto de amor:
a escuadra y plomada
construyo una casa
al ritmo del sol y de la luna.
La cárcel son las palabras
y la liberación.
Bellas como la luz de un campo de maíz,
cuento las cuentas de mi rosario,
tendrá 108, 99 o 54
flores de los capullos del Paraíso
la majestad de vuestras corolas
anuncia la joya que reposa en el loto.
Al final
disipa el afán de más y más.
Si consiguiese ver
con ojos de certeza
más allá del espejo
de mí mismo
y me encuentre
no habrá muerte o temor:
Nada se opone
al mandato del Cielo.

(septiembre-octubre 2010)




Stella luci stellarum

Dante, enamorado de las estrellas
Alfonso Reyes


Acercando una linterna encendida
a cualquiera de tus orejas puedes
escuchar las estrellas, cual si fueres
rojo como el amarillo. La vida
en cápsulas de cristal recluida
sabe a feo la paz de las paredes
de la oficina: odios y mercedes
en papeles y desapercibida
se fuga la brisa de tus cabellos
hacia los arrayanes. Los venados
carician las copas de los bucares
y los pomarrosos como si a ellos
llevara la autopista otros lugares
y a los arroyos los días soleados.
Las estrellan también cantan de día.

(6 de noviembre de 2010)




dolce stil novo

Me pegó un tiro un carajito.
No le vi los ojos, llevaba lentes oscuros.
Mejor me hubiera escupido.
La bala ardía como todas las llamas del Infierno,
la bala acariciaba como todas las flores del Paraíso.
Penetró por una cavidad y luego pasó a otra
y luego a otra y a otra,
en zigzag,
como la bala que mató a Kennedy.
Se disolvió en mi sangre,
ahora intoxicada de un alka seltzer milenario.
Me dejó una herida en forma de volcán inverso,
inmensa,
por la que se me salen la vida y la muerte,
la sangre y las palabras.
Me duele como si hubiera arrancado
algo más mío que un pulmón.
La bala tiene un peso metálico
fundido en mis oídos y mis huesos
en mí
la bala florecerá de oro.

(agosto 2011)

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