domingo, 21 de agosto de 2011

Selección de Poesía Ecuatoriana Actual. Por Augusto Rodríguez





Beatriz Viteri Garcés (Guayaquil, 1974)


CADENAS Y MÁS CADENAS

Quiero que me sostengas con el aire que sale de tu boca, como si fuera un títere de esos que encontré junto a las pipas rotas que desgastamos de tanto fuego y saliva. Quiero la habitación llena de tu vapor bajo la luz de los faros que custodian el asfalto. Quiero sentir un golpe anárquico entre mis pechos hasta socavarme. Quiero tu voz imitando campanadas en el cielo. Cadenas y más cadenas. Cuando por fin lo tenga todo, las arrastraré por siglos.


Alexis Cuzme (Manta, 1980)


MUECA

Puedo volverme mueca
para esta tarde remolino
de pensamientos y visiones
atrapadas.
Atrás, la urbe
es un camposanto
que me niega.
Y sollozas por la estatua
que soy,
por la estatua
que la tarde chupa.
Descuida, flotaré,
cuando las voces digan:
papá
y
amor.


Andrés López (Guayaquil, 1982)


MATRIX

Todos tenemos un artista adentro.
Pero algunos lo matan de a poco
lo engañan lo duermen
lo encierran lo encadenan
lo maltratan lo torturan.
Se avergüenzan de él.
Se meten un cable por el culo
y se conectan a la matriz.
No toman la píldora roja.
Mueren como ovejas crucificadas.


Ana Minga (Loja, 1983)

1

Dentro del cuerpo vive un despojo de la rutina
una infancia que ya no quiere dormir
con el fantasma del miedo.
En esta jaula
los minutos muertos como borrachos caen al suelo.
¿Alguien puede encender la vida?


Dina Bellrham (Milagro, 1984)

A

Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme

Gonzalo Rojas

La tumba me zumba desde la epiglotis. Cómo duele lanzar un grito en medio de los árboles. Respirar se me ha vuelto tan desesperante. ¡Ah! disnea, esa capacidad la tuya de dejarme trémula en media vereda, en media cena, en media distancia hacia el apocalíptico murmullo de los bronquios, que gimen su tortura; y pensar que quería usar la bufanda para apresurar el salto de canguro del miocardio. Están de luto las sextas uñas. Vocifero una espuma de hematíes y las palabras me salen cortadas, ahogadas… La tos es la muerte del amor de cantinas. La tos no escatima súplicas a la afonía verde de los insectos. Y pensar que siempre quiero marcharme dejando las maletas debajo del catre, y el abrigo puesto en el cuerpo de otra.


Laura Nieves (Guayaquil, 1984)


EN EL QUIRÓFANO

Déjame quedarme en el quirófano
no digas que todo radica
en la arteria crepuscular
sin anestesia que tu carne salte al abismo
que vacile la tráquea en tu garganta
que cimbre el esternón
así sentirás la demencia
de un hueso que se rompe.
Hurgo en tus vísceras
extraigo un alfiler sexagenario.
Lo guardo en mi bolsillo
ahí meditará la noche entera.
Beberá de mi leche imaginaria
me contará de sus tormentas
se volverá a dormir.
Despertará entre mis piernas.


Cristian López (Quito, 1985)


De Dentadura para asnos
Inédito)

ocho

en el lado oscuro de mi mente una flor cierra su candado sobre la madera que atornilla en el espacio vacío huesos sin harapos.
una mordaza en mi voz se realiza en mi espacio alucinado/una aldaba con clavos cimenta la ira en mi cuello
nos abandonamos en el chubasco
condenado a la luz
reprimimos nuestro espacio en lo
oscuro del pájaro sin alas.
un líquido de cráneos desnudos cae en mi boca
y mi llanto termina abocado en el pubis de la mujer desnuda
que espera la manzana divina
sanee su deseo


Adolfo Santistevan López (Guayaquil, 1986)


CONVERGENCIA DE DOS “Y”

Te equivocas amado mío
Esto no es un pene
Es solo un clítoris que creció de más.
No, querido, no es así
Este no es un pecho varonil
Son un par de senos que no terminaron de crecer.
Ven, te invito a lactar
Bebe de este miembro
De este cuerpo ensangrentado
De mi placer desgarrado por tus dientes de novato
Me has lastimado olvidando el placer materno
Clavando tu afilada inexperiencia
En todos mis rincones
Bebiendo de mi líquido vital.


Yuliana Marcillo (Chone, 1987)

PERDIDOS

Excitada de ti me encuentro con la pena en el pene.
Sin manos, sin hombre, sin nada.
Mi tierra se fue junto a la ola de un cálido martes,
Y me quedé en silencio.
Sin techo, sin hambre, sin nada.
Toca mi pecho y siente mis finas venas palpitar.
Me pierdo entre callejones, mi comida es beber y fumar.
Hombre de mil caras de mil manos y sin corazón.
Me tocaste porque tienes dedos
que buscaban pasión,
Y yo que en cada beso volvía a nacer, a llorar como la primera vez.
Me aferré a crecer en ti, hijo de tu madre.
Tu madre es mi tierra.
Toca mis piernas para que sientas la fuerza que llevan,
¡Cómo han andado!
Cómo han aguantado a manos duras que abusaron de ellas.
Mientras mi piel se hundió y el rojo floreció,
tu gustoso acababas en mi corazón.


Lucero Llanos Orellana (Guayaquil, 1990)

TRÍPTICO

I
Las estrellas fugaces
se descuelgan
cada vez que me recorres.

II
Naufrago en tus ojos castaños.
Soy la hojarasca que prueba
la lengua del mar.

III
Tus susurros
se deslizaron por mi cuello
y avanzaron hacia el sur
estremeciéndome.


2 comentarios:

lahormigaperezosa dijo...

muy ecuatorianos, no sé, no me explico. pero bacan

lahormigaperezosa dijo...

como que se siente una forma de decir una pena bien andina y anodina que está siempre en nuestra literatura y una infinita saña por lo marginal