miércoles, 22 de diciembre de 2010

POESÍA VENEZOLANA ACTUAL: Luis Manuel Pimentel


Luis Manuel Pimentel Nace en Barquisimeto, estado Lara [1979]. Tiene diez años de residencia en Mérida, donde inició, quizás ya con conciencia creativa, una labor escritural que lo ha llevado a incursionar, en la poesía [de manera más decidida], así como en la narrativa y el periodismo [empírico] cultural, en forma de artículos y crónicas literarias. Esta labor periodística la lleva a cabo en el Diario Pico Bolívar donde labora y coordina la sección de opinión, en cuyo espacio se aloja su columna de crónicas ficticias «Pasos de fauno», así como también coordina la Página Literaria «Ojos que tocan». Obtuvo en el 2004 la Licenciatura en Letras, mención Literatura Hispanoamericana y Venezolana en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes donde actualmente realiza estudios de Maestría en Literatura Iberoamericana. Se ha desempeñado como profesor de Lenguaje y Comunicación en el Instituto Universitario de la Frontera y en la Facultad de Artes de la ULA. Sus trabajos han sido publicados en diarios y revistas nacionales y extranjeros. Recientemente se publicó su primer libro de poemas titulado —no al azar— Figuras Cromañonas [Ediciones Caminos de Altair].




La llave vítrea

Abro con esa llave
Que un día pusiste en mis manos
El corazón del bolso
Que todos los días me tercio
Para ir al trabajo.

Darse cuenta de las trampas
Es muy fácil
El río me abre sus brazos y me sumerjo
En el X distante de tu visita.

Amen al entrarse por pasar
Con piedras, palos, un poco de fuego
Y seguir quemando el pasado.

Luciérnaga verde
Que pronto eres estrella;
Rozas con la mirada
El encuentro de mundos indescifrables.

Logras en medio de tempestades marinas
Que el abuelo se asuste
Y crea que el agua se lo llevará.

Palpar con la llave vítrea
Lo que vi en ella detrás de sus senos,
Da como para seguir mirando.



Realismo mágico
a la memoria de Beatriz

Hablan los edificios
y los volantes de los carros
el mouse y no es Micky Mause.

Los libros respiran
y Remedios la Bella me dijo anoche
que el director de la escuela estaba en Macondo
buscando guayabas.

La mesa
se paró
y almorzó.

Anoche era de día.

Sor Juana Inés de la Cruz está viva,
la vi tomarse unas cervezas en el bar de la Viuda con tres enamorados,
toma mucho y no se embriaga,
aguanta la Sor Juana.

Las avenidas son automáticas
como las escaleras eléctricas
no hay carros
solo personas paradas
que ruedan solas.

Resucitó Beatriz
y me dijo que el lado de la muerte no es malo
simplemente es diferente,
huele a patilla.

Los ladrillos ríen
y yo escribo.




Espanto

Un dibujo: la noche.
Algunos pájaros carroñeros que se niegan a dormir
Las paredes amarillas
La ventana semiabierta
Una brisa fría que entra;
Doy cuatro pasos hasta llegar al closet.

Busco la chaqueta beige
Me asomo de nuevo a la ventana,
Comienzan a caer gotas
La grama respira
Los perros se cubren de la intemperie,
Tocan la puerta,
Camino despacio,
hay mucho frío en el Vallecito

Mi mano en la cerradura
Abro
No hay nadie,
Volteo
Se oye de nuevo la puerta.

Miro la despensa
El café.
Sobre la cocina
El agua hierve.


Mi mano en la cerradura
Abro
No hay nadie
Cierro,
Doy cinco pasos
Levanto la tapa de la olla
Agrego el azúcar

Vuelven a tocar

Dejo el recipiente encima de la mesa
Mi mano en la cerradura
Abro
No hay nadie,
Vuelvo a cerrar.

Busco el colador
Vierto el polvo marrón
Dejo que cuele solo,

Espero.

Mi mano en la taza
Los perros mojándose
Son las dos de la mañana.


Saco mi garfio
Mi molotov
El revolver con el que descubrieron la traición de Martina,
Una nueve milímetros
Mientras la putas y los trasvesti a esta hora
Piensan en su familia.

Caminar a lo largo y ancho de la expresión
Como si fuera el cuento de la cenicienta
Para enseñarle a todos los hijos del mundo
Que la moraleja es una quimera.

Duerme creyendo que descansas
Porque en este momento
Los vallenateros en Colombia
Se toman un trago en tu honor y cantan.

Es tratar de tocar el sol
el crimen, la traición, la condolencia y la muerte.



El metafísico

Ninguno podía creer que el metafísico había muerto,
Se fue persiguiendo sus mejores luces,
A encontrar el amor que nunca le paró
Pero que un día tuvo entre sus manos.

Luego de tantas veces
Ir y venir
Y dar vueltas en el mismo eje
Decidió recostarse,
Junto al clavel que tenía en su mano.

Un espejo le cayó encima
Resquebrajando la visión
En miles de partículas su alma,
El metafísico murió
En medio de una larga lluvia de estrellas.

Llegamos a pensar que simplemente dormía
Pero el gato maullando no dejaba de rondarlo,
Atrapados en su silente infinito
Se hizo libre,
De aquella suerte errante
Ahora comulga con los pájaros, los perros, los árboles
Tendido frente a un muro de imágenes revolucionarias.

El metafísico anduvo desgarrando corazones,
El último día
Al verse en el espejo
Era un hombre viejo, desempleado y sin dientes
Todos se los habían entregado al ratón Pérez
Para que le diera alimento,
La realidad no fue así,
Toda palabra creada y rebuscada en la fantasía
De sus sueños familiares,
Con largas barbas
Y sin buen aliento,
Fue dejando en los corazones de todos
una gota de sangre.



Sorbo

El sorbo de un café vespertino
El olor rutinario de la computadora
Mi casa sola
La perra con hambre
El bombillo encendido alumbrando el desorden
La mesa no está servida,

El tiempo pasa como hojillas por la barba.


Sebastián naciendo

A mi sobrino que nació hace ocho horas

Sebastián cuerpo silente
Aparecido por la religión
Tu cuerpo de niño es una pintura
Que ha dibujado la fantasía.

Con una palmada,
Como las de antes,
Te veremos crecer
Como lagartija que suelta
Y distiende.

Vienes como otro ser más de la familia
Protegido y querido
Ante la incertidumbre de la posmodernidad,
Cabizbajo y sin importarte nada.

En nuestro encuentro
Sollozo todas las palabras del vallenato
Infunde mi cercanía
Tocando y festejando
Ahora hombre,
Sutil aliento de los Pimentel Villalobos,
Seres que jamás abandonaremos
El barco que apenas zarpa
Entre el viento Barquisimetano y el olor a los andes.

Como un trasnocho de la tarde
Ha sido tu parto
Bienaventurado en los Salmos y las Elegías
Tu cuerpo vivirá ochenta años
Llevando la historias de tu tíos,
Formadores de realidades sociales.

Tu suspiro hace que sigamos viviendo
En el agolondramiento de almas puras,
Y si lo quieres ver
Observa nuestras conversaciones
Que no tienen límite sino amor.

Tranquilo Sebastián
Que toda palabra vendrá y se devolverá
Como el río que lleva el acantilado de los sueños.
El devenir es pausado y rápido,
Como un pregonero de ansias y sincretismos
Estamos contigo, no te preocupes...

Un silbido tuyo
Rastreará nuestras presencias
Sin llanto,
En el enorme entender
Que ahora
Estás en nuestro lecho.

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