sábado, 11 de diciembre de 2010

POESÍA ACTUAL CUBANA




ALFREDO NICOLÁS LORENZO.


I


El número de vasos no puede ser cualquiera, siempre habrá un tendón sonoro que te avise los excesos de velocidad, como el sudor desborda nerviosos reflejos de sal.
Se puede conversar, juntando gotas de pericia sobre la eternidad del mundo aristotélico, bordado de fronteras donde tropiece nuestro tren de cálices; somos eternos cuando ebrio es nuestro presente, pero el vino se agota. La noche, entre risas, pasa, y descubres, al despertar con dientes de cebolla, la eterna esa frontericidad del universo, tú limite rasgado en la conciencia pasajera.




II



Solía acompañarlo hasta la parada, con el gesto de su amarillo lomo saludando a su amo de fluidas barbas. Pero un día el camino hasta la casa se le hizo demasiado largo.
Tan largo que su dueño no supo ya donde buscarlo y se afeito un día, como suele suceder. Desde el paraíso de los perros aúlla la espera de la silueta con barbas. Pero no aparece. Dios debió abolir las cuchillas que ponen lisas las caras de los dueños. O tal vez los caminos de no retornar.
¿Qué hacer con la balanza injusta que te lleva las barbas y tu perro?




III


El niño ofendió al anciano y salto hasta que dar fuera de su alcance. Este lo atrajo con gesto sereno y le propuso dos lecciones de cómo llegar a ser un caballero de ley.
La primera dijo el anciano, es que los criterios de un caballero se exponen de frente a frente. ¿Y la segunda? Ardiendo de curiosidad se le acerco más el muchacho. Que por ellos hay que saber responder dijo el anciano propinándole un bastonazo.




IV


El joven se acerco al auto preguntándole al chofer si este sabia donde se hallaba la biblioteca más cercana, o tal vez un sitio donde satisfacer una necesidad hondamente espiritual, o si conocía a un viejo sabio del cual se comentaba que vivía cerca y tal vez pudiese sacarlo de profundas dudas esenciales en la existencia, motivos suficientes para la preocupación de alguien cuya inquieta mente no le diera reposo ni en los momentos de ocio.
Y el chofer una, otra y otra vez mas negó saber algo que dilucidase las preguntas de su inquisidor. Gracias dijo el joven, aliviado, mientras se abotonaba la portañuela.




V


El hombre que ya nada esperaba de la primavera llego al mes de marzo sin arrancar una sola página de su calendario. En la calle todos se felicitaban previendo el seguro deshielo y los primeros retoños en los árboles del parque.
Pero el hombre que nada esperaba de la primavera sabia que todo era falso. El verde se volvería a cubrir de nieve en pocos mese y el cielo, encapotado, no sonreiría con los mimos engañosos de este marzo. Sentado frente a la ventana suspiraba por un sitio en el mundo donde la primavera fuese definitiva y profunda.
Hasta que decidió marchar y no se le vio durante muchos años. Retorno dicen para arrancar todas las páginas sobrantes de su calendario.

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