domingo, 18 de julio de 2010


ARCHIVOS TEMPORALES DE LA POESIA PARTE VIII



NESTOR MENDOZA
(Maracay, Venezuela, 1985):
Licenciado en Educación, Mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. En el 2007 publica su primer libro titulado Ombligo para esta noche. Sus poemas y reseñas han aparecido en el suplemento literario Contenido del diario El Periodiquito de Aragua y en revista La Tuna de Oro (UC). Participa en el Taller Literario Hojas Sueltas de Mariara, Edo. Carabobo. Ha asistido a eventos literarios y recitales en diversas regiones del país. Mantiene un blog titulado Lezámico (nestor-mendoza.blogspot.com).


I

Quedamos abiertos
desde la culpa
hasta la boca.

Un detonar de ojos en este epitafio
para descansar al lado del otro.

La gran vara no puede medirnos,
somos la altura del árbol no descubierto.



PODÁLICO


a Griselda

Estoy tan a gusto
nadando este líquido
prestado por mi madre.

A mi lado crece mi hermana.
Una misma bolsa
un mismo cordón
para ahorcarnos en esta complicidad.
Mi corazón aún está crudo,
el de mi hermana palpita su sangre
mejor que la mía.
Dios - o tal vez alguien más-
quiso que su frente mirara de cerca
el pubis de mi madre, y yo, el hígado.
Mi acompañante posee
ojos diferentes a los míos;
una mejor espina para su carne,
menos sal en sus lágrimas.

En este saco compartido,
mirándole los pies,
saboreo el agua que nos penetra
por el ombligo.



CIMA VS SIMA


Una simple letra determina
la profundidad;
que ascendamos libremente
rumbo al azul de dios
o que seamos transeúntes
del fuego.
Una simple consonante,
al parecer inofensiva
nos ama en el descenso
y nos odia en el suelo.
C-I-M-A:
Allí se acumulan las nubes
en el octavo piso,
allí los besos están compuestos
-al igual que dios-
de oxígeno, nitrógeno y argón.
S-I-M-A:
Allá cada quien es dueño
de su infarto.
Despeñaderos, caídas libres,
acantilados, barrancos, edificios.
Es maravilloso el silencio
mientras caemos,
allá el asfalto es líquido
y nadamos.




MUERTE

Cada músculo aprende
desde la infancia su descomposición.

Entre cada tejido la lombriz
hace su trabajo:
alimenta hasta engordar la carne
para estar a punto el día del festín.

Muerte tras muerte, de manera sucesiva,
la lombriz prepara lo que será una gran cicatriz.
Herida y sutura aparecen al mismo tiempo.
-No se oponen, son hermanas-

Es, sin duda, una hermosa lombriz sin cola,
ondulante.
Se parece a mí, pero no tiene miedo.
Cuando lloramos, es ella quien dictamina la sal.

No somos más que un débil saco
de sangre y huesos.
Un parpadeo, un orgasmo.
Y esa lombriz lo sabe.
Es muy puntual, llega antes de las 7:00 a.m.
Saluda amablemente a la carne que pudrirá.




PADRE

a Néstor Antonio



Padre, todos los días encuentro
piedras pulidas con tu nombre en mi bolsillo.
Tienen tus canas, volumen y dureza.
Desde hace años las encuentro fielmente,
pero nunca te había dicho.
Me sentía diminuto, mentira.
No te culpo por obligarme a mirar
las piernas del rocío antes de tiempo.
Te veo limpiar las aceras y los templos,
recoger las hojas del patio.
Dentro de tu dureza hay espuma y azúcar,
un miedo retorciéndose.
No te preocupes, prometo tender mi cama.
Tú no lo sabes, pero he inventariado tus ojos,
el brillo que tiembla dentro de ellos,
durante el día.

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