viernes, 19 de mayo de 2017

EMERSSON PÉREZ: Poesía Actual de Chile


Emersson Pérez (Santiago de Chile 1982). Estudiante Bibliotecología. Diplomado en edición USACH.  Coordinador de Revista Absenta, participo en el equipo editorial de Ajiaco Ediciones y Aura Latina. Fue parte del evento internacional de jóvenes escritores TrasAndes (Mendoza, Argentina). Ha publicado en el Anuario poético Márgenes del Colectivo Mal de Ojo (Ajiaco Ediciones, 2011) y Rieles Sumergidos (2012). Seleccionado en las antologías; Poemario Indestructible (Ediciones GatoPájaro, 2010), Poesía Molotov (Editorial Cascada de Palabras, México 2011), Cordillera de voces- Poesía Chilena Actual (Sediento Ediciones, México 2012), Antología de conspiradores (Marciano Ediciones, 2016). Actualmente es director de la editorial “Los Perros Románticos”.


Selección por Gladys Mendía


Reality

La empleada doméstica es invitada al estudio
también es invitado su patrón
la mujer agradeció con lágrimas
lo bien que la ha tratado su jefe
la mirada hacia los zapatos
como buscando una cadena invisible
con las manos atrás.
En la casa estudio el favorito es un joven
De clase media aspiracional,
su enemiga, su antítesis
es la señora sopaipillera de periferia
la empleada la consuela
está a punto de contactarse con sus hijos
se enojaron años atrás y la televisión
con su magia se encarga del reencuentro.

El joven es salvado por el público
que manda un mensaje con su último saldo
para salvarlo
peak de sintonía.




Tiene 13 años y dicen;

Que no debe salir a la calle
Que  bajaron de barrio
Que solo es momentáneo y que la
            Chequera del papi siempre ha estado limpia.
Que no se puede confiar en ningún roto.
Que ahora sin nana su hija tendrá educación de madre.
Que se informe el papi a medianoche
Que no importa que el licor tienda a ser  económico.
Que se abstraiga con la teleserie la madre
Que la niña no salga
Que la niña se refleje con calleTv
Que no fumen en la tele
Que más medicinas para la histeria
Que se asusten con la delincuencia poblacional
Que les pongan luego una propaganda de alarmas.
Que en la tele, una púber tetona le saque una manzana
En  los pantalones del joven.
Que solo es un juego, que la gente ve lo que quiere ver.




La pantalla me pregunta ¿No soy un robot?

Acaso otro robot me contestara.
Habrá una bella robot revisando
Si un comercial me parece ofensivo,
¿Si ocupa toda la pantalla?.
Se sorprenden cuando contestan
una cadena de mails, de una gran empresa
les responde y les pide disculpas.
Algoritmos de rabia en la sociedad.
Una vendedora de comida rápida
me sonríe aunque evidentemente estoy enojado.
En un cuadro hay animales con mensajes positivos,
animales que nunca acariciaras.
Me sonríe, le contestó con un reCAPTCHA.




2000

Me sentía tan solo
lo más probable es que estuviera deprimido.
Primero pensé en tomar un micro numerada
viajar a orillas de un río donde hay un Cristo negro
dejarme caer.
Ya que no contestabas mis llamadas
preferí gastar el saldo en infomerciales.
Una ruleta hipnótica con preguntas ingenuas
un animador machista de risa desagradable.
No contento llamé a un montón de teléfonos eróticos
me masturbaba mientras lloraba, 
miraba la pantalla con las chicas de la tv.




SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE VISITAR EDIFICIOS ABANDONADOS Y VER PERFILES DE PERSONAS MUERTAS.

Ver sus comentarios y los de sus amigos, algunos de tu propia red de contactos. Animita de facebook. Un autor del cual no recuerdo el nombre, ni el titulo de sus libros, decía que los fantasmas son otras formas de percibir energías ancladas, que nuestro cerebro en unos cientos de años podría percibir el tiempo de diversas maneras, y que a veces pueden llegar a proyectarse en un edificio abandonado. La necesidad de leer un poeta o un cantante recientemente fallecido, las inteligencias artificiales me dieron la noticia de un recientemente muerto, que sacaba fotografías a edificios abandonados. Todo esto valdrá más que una sopa enfriándose en un velorio con gente desconocida. ¿Se encuentra un descendiente mirándote en este momento?














martes, 9 de mayo de 2017

ÁNGELA NEIRA-MUÑOZ. Poesía Actual de Chile




Angela Neira –Muñoz (Tomé, 1980). Docente, Magíster en Literatura, Máster en Igualdad de Género y Transformación social, Estudios Doctorales en Lingüística, Diplomada en Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Ha publicado los libros Tres escenas en la vida de Alicia(s) (dramaturgia), 2009, Ed. Al Aire Libro. En el año 2015 publica Menester (poesía), Ediciones Etcétera. Esta obra recibe el Premio Ceres – año 2015- categoría Artes Literarias. Y en el año 2016 la Editorial Pez Espiral publica la segunda edición de su libro Tres escenas en la vida de Alicia(s). Este año 2017, se publicará su libro de poesía "Tengo una deuda" (beca de creación del Fondo del Libro y prologado por Diamela Eltit). Desde el año 2015, planifica y propone la primera Cartografía Crítica de las Escritoras del Biobio. Además es productora de Ediciones “Mujeres de Puño y Letra”, mediadora cultural e investigadora en narrativa escrita por mujeres y arte performance.

Selección por Gladys Mendía del libro Menester, Ediciones Etcétera, Concepción Chile, 2015.




Escribo

Escribo como narrando:

Esta tarde
siempre alejada
llegué a concebir la mayor cercanía que jamás había sentido.





Suave demencia

Sí.
Es una enfermedad.
Esa es la excusa para amar tan maléficamente.
El amor es la causa de los ataques nerviosos
Y de las sanguinolentas cartas enviadas al Limbo.

Camino.
Intento encontrar la luz.
Tu sombra me niega la paz que busco cada noche de invierno.

Sí.
Estoy enferma.
Estoy enferma y me agredes en sueños y en estados de lucidez.
Ahí estás como premio a mi búsqueda inconsciente
inconsistente.

Es difícil precisar tu figura dentro del paisaje,
Sin embargo, sé que me miras y te diviertes
Con mis alucinaciones,
Mientras cae la noche sobre el abrigo negro.

Estoy enferma.
No logro juntar imágenes de humedad en el sol.
Padezco de un mal conmovedor.
En mí, el amor se consumió
Y adoptó el nombre de “locura leve”.





El pabellón

Mientras intentas desdibujar las cicatrices de tu lacerante país
Al fondo del pabellón
Pedazos de carne
Se inventan un cuerpo.





Trágame

Trágame
Desde mi lengua embriagada
Hasta el desfile de planetas rugientes
Trágame.

El amor está en un bar de mala muerte
El amor está bajo los puentes del mundo
Aunque ruidoso e intoxicado.
Solo digo que está
Y también les digo que a menudo beben de su clítoris colérico.

El amor está dentro de los cúmulos estelares
El amor está conectado a los aviones perdidos en el triángulo.
El amor bajó, tomó la forma de una larva y se depositó en mi velador.
El amor hace travesuras y cada vez que me tragas
Te trago.

Trágame
Cual si fuera la última gota de saliva
En el filo de tu lengua.





El viaje

Este es el viaje íntimo
Por las luces que encienden el camino.
Este es el viaje en que algunas mujeres
Fabrican dibujos en las paredes vírgenes.

Este es el viaje
En que algunos hombres
Adornan sus cuerpos con ajenjo.

Este es el viaje al estallido del sentimiento
Donde se apagan los párpados
Donde la vida rompe el pellejo del ansioso.

Este es el viaje
Y este es un poema que alguien escribió para leer durante el viaje.





(             )


                        A César Vallejo.

Basta de devaneos
Hablemos de ti.

Me sentaré sin rostro frente al espejo.
Me sentaré a mi lado para escuchar unos labios en FA

Me sentaré acurrucada dentro del cerrojo.
Me sentaré en tu mar anterior. Me posaré.

El rostro se ahogará dentro de tu océano de ( )
De entres
De devaneos.

Me sentaré sin rostro frente al espejo
Con la imagen gastada
Del roce de una pupila con un párpado
Con el deseo de articular una palabra
Que sea el sonido de MI
Silencio.

Me sentaré sin rostro frente al espejo
Con la imagen gastada del roce de una pupila con un párpado
Con el deseo de articular una palabra que sea el sonido de MI
Silencio.


ESO…
Así…
Despacito.
Así me sentaré frente al espejo. Sin rostro.




Dentro de un vaso

Las luciérnagas fabrican en los vasos
Una noche frágil
Un cuerpo destrozado
Un océano de palabras.

La sombra del océano ataca por la espalda
La sombra del océano cae sobre el cuerpo destrozado
En la noche
Frágil.

Yo te vi caminar junto a las luciérnagas
Yo te vi caminar dentro de mi vaso…
Así fue
Yo te vi caminar
Segura que sí.









lunes, 27 de marzo de 2017

MAURO ROJAS NÚÑEZ. Poesía Actual de Chile



Mauro Rojas Núñez vive en el barrio Recoleta, en Santiago de Chile. Le encanta poder mirar a los perros y los gatos en cada lugar. Es guitarra y voz en la banda rock pop Eleterios. Ha publicado en algunas revistas cada tanto tiempo. Se debate entre la poesía, la prosa poética y la narrativa. Hace unos años publicó un poemario llamado "Háblama con los fantasmas". Trabaja como profesor de Lenguaje y como profesor de yoga. 


*

Las calles se desnudan
la ropa vuela
la verdad duele en el vientre
Ardemos con escándalo
nos hacemos el amor en los metros
Las calles te buscan, dicen tu nombre - Margarita-
los pacos lloran en los espejos
los presos enseñan un evangelio propio
las escuelas se caen en el pavimento
con sus paredes armo crucifijos
Las familias se separan: queremos estar solos
los niños aprenden solo de otros niños
o de mujeres que están en los asilos
El viento sopla y sopla
Los poemas me muestran cosas
que en mi boca y en la tuya tienen nombres de anhelos
Los cristos beben con nosotros
autos chocan y chocan
comemos como animales y dormimos apretados
La lluvia nos enseño algo que nadie puede escribir
Te amo como a la fragilidad, Margarita
El silencio flota y flota
el olor de la pobreza nos acerca a la tierra y al hambre
entramos en el viento
y cerramos los párpados para que nadie nos engañe:
mostrándonos cosas que no existen.




Para el padre y el hijo


Ruido de la calle / la noche espesa como la piel
de la ciudad
Los gritos del padre duelen. Es verano, papá.
La gente nos mira, para de gritarme, por favor.
La noche es una piedra en el corazón del hijo.
La herida en la oreja tiene sangre dulce, es el cariño hacia el padre.
Yo soy más tu dolor que tu hijo, papá.
Sí, soy más tu padre que tu hijo
Por eso me estás pegando, papá
por eso me estás gritando en la calle
La noche en el circo es la risa histérica de un mundo extraño
Violenta la ciudad, por eso el corazón es piedra.
Sígueme gritando, papá
Yo soy tu abrazo en la borrachera
yo soy tu orfandad, papá
hiciste de mi corazón una piedra
y nos golpearemos en un mundo violento
Yo no soy tu rabia, papá, soy tu hijo
Pero sí, también soy tu rabia, a veces
Soy tu soledad, papá, tu orfandad
por eso me estás golpeando
Yo soy tu papa
somos una piedra en esta noche espesa.



martes, 31 de enero de 2017

Reseña de Otra vida para Doris Kaplan. Por John Martínez


Una vida secreta dentro de otra vida secreta

En el libro de Alina Gadea “la guerra interna” es el telón de fondo. Pero, a diferencia de otras obras que giran alrededor del tema, La vida secreta de Doris Kaplan tiene una gran profundidad en sus personajes, imprimiéndole un alto vuelo narrativo, donde lo más importante no es la historia en sí, sino el narrar. El contar. La narradora aquí está en su elemento, la narración supera a la historia. No es que sea una historia mala, no. Lejos de eso. Pero es claro que la escritora sabe narrar y eso –aunque parezca obvio- en la última narrativa peruana, plagada de “escritores profesionales”, es más que rescatable, es de un tremendo valor.
Las estructuras de una sociedad derrumbándose son las mismas que sostiene a la familia de Doris. El escenario donde ella vive es el del horror. La lejanía de la “conciencia de sus personajes”, con lo que sucede en la “vida real” está bien plasmada. Esa clase media en decadencia del Perú de los ´80 y ´90. Asistimos al “reconocimiento” de una mujer que se vuelve adulta de golpe, que ve la destrucción no solo de su ideal familiar, sino que se pierde entre los recuerdos, para caer luego en una especie de “complejo de Edipo”, con el amigo del padre muerto.
El final feliz está lejos de aquí. Que haya terminado la narración no significa que termine la historia. Este es el caso. Los personajes se quedan suspendidos. Y no es un error de continuidad o descuido del autor, es el tajo de la vida. Así nos quedamos de golpe. Así la vida nos da duro. “nos cubre la noche como si un gigante hubiera dejado caer su saco sobre nosotros
El personaje de Doris logra enternecer, aunque a veces uno se pregunta si ese “egoísmo” de la adolescencia la limita. No se nos plantea como buena o mala. Solo le suceden cosas jodidas. Ya sabemos que ninguna niñarica quiere cuidar a su madre enferma. Pero no creo que sea por  egoísmo, sino por crianza. La novela nos plantea de golpe ya una relación deteriorara entre la madre de Doris y ella misma. Pero ¿esto se debía solo al resquebrajamiento emocional de la madre de Doris? Creo que no. Creo que ambas se habían acostumbrado a que haya “muchachas”, “chicas”, intermediarios para hacer las cosas. Creo que Doris pensaba solo en ella, y si bien era consciente del mal de su madre, la dejo ir. O al menos no le importó lo suficiente. Se nos plantea como victima –todos tenemos empatía con mujeres jóvenes que huyen de su casa por la noche para ver al amado o para mirar el mar- pero creo que también Doris sufría de un retraimiento, de un ensimismamiento violento. Casi no se menciona amigos, una amiga al menos, una confidente. Alguien en quien el personaje pueda confiar. Nada. Nadie, por eso la empleada cuyo hijo está liado con la guerrilla, toma ese papel, o al menos quiere hacerlo.
El libro de Alina me ha hecho pensar en el otro, no en Doris, sino en la mamá tradicional limeña, conducida hacia la locura, a la que se le muere la vida antes de que se muera el cuerpo. Educada en otra realidad, criada a base de prejuicios, no tuvo reacción para vivir otra vida. El instinto cercenado la hizo perderse, no tener rumbo. Pienso en esas generaciones que no tuvieron más opción que desesperarse, que morir día a día mientras no comprendían, ni se cuestionaban, porqué seguimos respirando, por qué vivimos esto, con qué propósito. Ese personaje es el que más me llama la atención, Doris, sufre, sí. Pero deja sufrir a su madre, o no puede hacer nada más que asistir a esa muerte lenta.
Doris, tiene el mundo que se abre por la ventana, en una noche frente al mar.

John Martínez
Lima sur, diciembre 2016





viernes, 23 de diciembre de 2016

EL MINOTAURO

El minotauro
Arturo Uslar Pietri



La Grecia clásica supo dramatizar en fascinadores mitos los temas de su historia. Eran experiencia vivida incorporada en formas poéticas. Por eso, los más de ellos, siguen siendo temas del destino del hombre. De una hora oscura y trágica surgió la ficción del minotauro. De una de esas horas en que el destino de la ciudad parecía perdido para siempre ante la fuerza enemiga. El mito cuenta la amenaza de esa fuerza sobrehumana y el triunfo final del griego. El héroe es el que acomete lo imposible para salvar la ciudad. Los griegos contaban que Minos, el rey de Cnosos, recibió de Poseidón un toro divino sacado del mar, para sacrificarlo al dios. No cumplió Minos la promesa de sacrificar la hermosa bestia, y Poseidón, colérico, hizo que Pasifae, la reina, concibiera una pasión bestial. De los amores infrahumanos de Pasifae con el toro nació el minotauro. Un monstruo de cuerpo humano y cuello y cabeza de toro. Un monstruo espantable, devorador de vidas humanas. El monstruo que nace siempre de la violación del mandato divino y de la regla natural. El minotauro fue encerrado en el laberinto fabuloso, y para alimentarlo Minos impuso a los atenienses el tributo periódico de siete mancebos y siete doncellas. El cruento tributo duró hasta que vino el héroe. Teseo el hercúleo penetró en el laberinto. En el laberinto vive el minotauro. Supo Teseo entrar, vencer y salir. Por esa hazaña vive en un hermoso mito en la memoria de los hombres. Yo no sé si dentro de unos siglos, la Venezuela que pueda sobrevivir a esta trágica prueba, dará los poetas necesarios para crear un nuevo mito con el recuerdo de su trágico presente. Porque la Venezuela de hoy tiene su minotauro histórico, el hecho cierto de trágica sustancia mítica. Lo que no tiene, y no parece que va a tener, es ese Teseo del certero destino heroico. Tampoco bastaría un Teseo, sino una legión de Teseos, una legión teseica que se decidiera a emprender el grande e inaplazable combate de vida o muerte. El minotauro de Venezuela es el petróleo. Monstruo sobrehumano, de ilimitado poder destructor, encerrado en e! fondo de su laberinto inaccesible, que está devorando todos los días algo que es tanto como sangre humana: la sustancia vital de todo un pueblo. Es como si estuviera sorbiendo la sangre de la vida y dejando en su lugar una lujosa y transitoria apariencia hueca. El petróleo se ha convertido en un minotauro, en un monstruo devorador, para Venezuela; por la culpa de los venezolanos. El monstruo que nace siempre de la violación del mandato divino y de la regla natural. Como el minotauro. Hasta hace treinta años tuvimos un país pobre, que seguía un lento proceso de crecimiento. Un país de cultivadores y de guerrilleros, aislado del mundo, sin comunicaciones interiores, entregado a una lenta vida provincial y limitada. Pocos augurios había de un risueño porvenir. Pocos también de una trágica catástrofe que pudiera hacerlo desaparecer. El presupuesto nacional apenas pasaba de los cien millones de bolívares, se vivía de lo que se producía, las gentes adineradas andaban en coches de caballos producidos en el país, el hielo era un lujo desconocido, la leche se ordeñaba a las puertas de las casas, toda la importación no alcanzaba al centenar de millones, un alto empleado ganaba quinientos bolívares al mes. Pero vino el petróleo, el toro regalado por el divino Poseidón. Y no quisimos cumplir la promesa. Incorporar el petróleo a nuestra vida y no nuestra vida al petróleo. Hacer de aquel regalo un incentivo para el desarrollo de la riqueza propia, y no abandonar la riqueza propia para gozar del regalo. Donde había una vaca, haber puesto dos. Donde había un erial, haber puesto una sementera. Donde había una vereda haber puesto un camino. Donde había un torrente, haber puesto un canal. Multiplicar los animales, los granos, las flores. Haber hecho al trabajo más productivo y más hermoso. Todo eso era la promesa. Convertir la riqueza transitoria del petróleo en riqueza permanente de la nación. Era la promesa, pero la violamos. En lugar de hacer del petróleo el maravilloso apoyo para el más rápido y seguro desarrollo de la riqueza nacional, hicimos de él un monstruo. Un trágico minotauro dentro de un laberinto inextricable. No nos ocupamos de crear riqueza propia, sino de disfrutar de la riqueza petrolera, convertir lo más rápidamente el petróleo en bolívares, para a su vez convertir aún más rápidamente esos bolívares petroleros en objeto de lujo, en disfrute y hasta en alimentos. La producción venezolana no aumentó. Por el contrario, algunos renglones disminuyeron. Pero, en cambio, el presupuesto de la nación subió, hasta acercarse hoy a los dos mil millones por año. Veinte veces lo que era antes. Doscientas veces lo que era el presupuesto al separarse el país de la Gran Columbia. Las importaciones suben. Alcanzaban a cincuenta millones en 1906, llegan a trescientos millones en 1938, y hoy deben pasar de mil millones de bolívares por año. Importamos granos, importamos leche, importamos carne, importamos telas, importamos frutas, importamos huevos, importamos pan. Importamos casi todo lo que estamos necesitando para vivir. Lo único que ha aumentado en nuestra tierra son los bolívares petroleros y las importaciones. Los bolívares, como cada día son más, cada día compran menos. El minotauro ha provocado la inflación. Le ha sacado su sustancia al bolívar. Cada día vale menos. Se derrite en las manos. Es como si fuera una moneda de hielo que se vuelve agua. Los bolívares del minotauro son de hielo. La producción venezolana no aumentó. Pero, en cambio, los costos de esa producción sí aumentaron. Todos los costos de nuestra producción están por sobre el nivel de los costos mundiales. La más alta calidad del más fino café de Colombia es más barato que nuestra pasilla. Nuestro maíz, nuestra azúcar, nuestro arroz, nuestra carne están muy por encima de los precios que se cotizan en los mercados mundiales. Esto significa que no podemos venderle nada a nadie, y que todo nos resulta más barato importándolo. Más barato es traer el arroz del Ecuador, más barato es traer el maíz de la Argentina. No podemos exportar sino petróleo y abigarradas caravanas diplomáticas. Si pudiéramos hacer abstracción del petróleo, nos encontraríamos que el país está más pobre de lo que era antes de que lo tuviéramos. Producimos menos. Son mayores los obstáculos para producir. Ha disminuido nuestra aptitud para producir riquezas. No sólo hemos adquirido los hábitos, sino hasta la mentalidad del parásito. Nadie es más pobre que un parásito. Nada tiene. Su porvenir pertenece al ser que lo nutre. Mientras nuestra realidad se va depauperando, haciéndose cada vez más artificial y dependiente. Mientras todo se convierte en petróleo. Mientras todo no es sino petróleo con otras apariencias, la desproporción mortal sigue creciendo. Cada día, en términos de lo propio, estamos más pobres y más exhaustos, y el minotauro crece dentro de su laberinto. Se le siente el pujante aliento devorador. Crece, producirá más bolívares, provocará más importaciones, más inflación, más despilfarro, más desnivel, devorará más. No siete doncellas y siete mancebos. Sino la sustancia vital con la que una tierra puede sostener todas sus doncellas y todos sus mancebos. Crece el minotauro. Hace pocos días los periódicos publicaron esta noticia: «La producción de petróleo de Venezuela durante el primer semestre de 1948 ha experimentado un aumento cercano al quince por ciento sobre la producción en igual período de 1947.» Y mientras el minotauro crece, amenazante, nada estamos haciendo por luchar contra él y vencerlo. Por matar al monstruo devorador y poner en su sitio el manadero de una riqueza permanente y de una vida estable. A la puerta del laberinto disputamos sobre teorías políticas, cantamos canciones, hacemos desfiles, invocamos grandes y hueras palabras. Pero allí está el minotauro devorando. Nada estamos haciendo por enfrentarlo y vencerlo. Parecemos ignorar el destino. No hay ni señales de que vayamos a organizarnos en teseica legión para luchar por la salvación de lo que no es nada menos que la vida de nuestro pueblo. A la hora en que deberíamos estar planeando la hazaña teseica, serenos, resignados, heroicos, andamos jugando a la política, pavoneando nuestro pequeño orgullo, atizando nuestros mezquinos odios. Junto a esta gran cuestión de vida o muerte, todo lo demás no sólo debería ser secundario, sino pospuesto. Los que vengan mañana, cuando la obra de destrucción esté consumada, no tendrán sino motivos para maldecirnos.

Pd: Artículo escrito por Uslar Pietri en 1948 (cuando estuvo exiliado en Nueva York) y posteriormente publicado por Monte Ávila Editores en 1949.


jueves, 10 de noviembre de 2016

Caminata a ciegas persiguiendo el sonido del río o una lectura de Hatun Mayu, de Yaxkin Melchy



Caminata a ciegas persiguiendo el sonido del río
o una lectura de Hatun Mayu, de Yaxkin Melchy

Por Kevin Castro

Recuerdo muy bien las primeras palabras que Yaxkin Melchy (Ciudad de México, 1985) y yo intercambiamos. Fue un mail donde yo le enviaba, por aquél entonces, un texto/ensayo que había escrito a propósito de una materia universitaria que estaba cursando y mi lectura de su libro Ciudades electrodomésticas (Red de los poetas salvajes, Internet, 2008). Un texto (el mío) bastante fallido por cierto (especie de panfleto punk sobre lo que debía ser la nueva poesía), que Yaxkin me respondió de la manera más amable sobre lo que estaban haciendo por allá, y con una sentencia final: “ten cuidado con la palabra ‘debe’. En este tiempo la poesía me ha enseñado que uno propone, tienta y seduce”.

De aquél entonces para ahora no solo conversamos sino que tuvimos la oportunidad de vernos en varias oportunidades. Y la amistad que hemos tenido no solo me ha permitido conocer la gran persona que es Yax, sino, en especial en aquél entonces, conocer poco a poco lo que se estaba planteando en la poesía mexicana de finales de 2000’s / inicios de 2010’s. Era algo totalmente novedoso, fresco y lleno de una vitalidad que fuera de caer en el mero “innovacionismo” (por inventarme una palabra) demostraba tener un verdadero compromiso con la poesía. En aquél momento nos influenció mucho a Jorge Castillo y a mí, que dimos un giro de 180 grados a la propuesta de nuestra revista Mutantres y comenzamos a experimentar pero sobre todo a leer nuevas cosas, propuestas como la de David Meza que cruzaron el atlántico y llegaron a traducirse en China y Rumania, o las de Manuel de J. Jiménez, Daniela Serrata o Genkidama Ñu.

Recuerdo (y disculpa, lector, el exceso de añoranzas referencias a las experiencias personales de un servidor, te prometo que todo tiene que ver con lo que tengo que decir sobre este libro) un CD que por aquél entonces Yax me regaló, y que vimos repetidas veces con nuestros colectivos y revistas y editoriales en un viejo DVD de la casa de Jorge Castillo. El CD era un documental sobre la movida poética en México, que en un contexto difícil había optado por salir del formato tradicional, ya no solo literario, sino formal, físico, temporal y espacial, donde la performance, los asaltos poéticos, la edición artesanal y la conformación de redes espaciales (que se fortalecían principalmente con festivales subterráneos de poesía en toda Latinoamérica, o que al menos empezaban a hacerlo) y redes informáticas (en aquél tiempo, Blogger principalmente) se presentaban como forma de resistencia ante la corrupción, la violencia y el dolor del mundo, como reza el documental. Recuerdo cuánto nos inspiró todo aquello a leer, a escribir y a trabajar y mover cosas. Y en todo ese contexto, Yaxkin, evidentemente, era el poeta que unía todos los cabos, con una poesía interplanetaria monumental que entendíamos y sentíamos cercana quizá por un tema generacional, pero que sobre todo nos parecía (y me parece, hasta ahora) honesta, algo que es difícil de lograr cuando tu poesía está cerca de eso que llaman vanguardias, ya que es bastante fácil caer o quedarse en formas vacías y dibujos por el mero afán de resultar cool, sin comunicar nada, sin decir nada.

De este período, las dos últimas veces que vi a Yax fue en Pucallpa, en la edición 2015 y 2016 del Festival Dentro de los Bosques Famélicos que organiza Renato Pachas en esa hermosa ciudad. Es difícil llegar a Pucallpa y no irse con algo, con un fragmento de selva, con un poco de viento de la tarde o de agua de la laguna o de cumbia en el corazón, de esas cosas que a uno le hacen volver a Lima con ganas de renunciar a todo y regresarse inmediatamente a la selva. Sobre todo cuando además se tiene la oportunidad de compartir con amigos brillantes como David Meza, Berta García Faet, Crhistian Bafomec, Jorge Rengifo, etcétera; además de conocer a personas como Pedro Favarón, poeta y miembro de la comunidad shipibo-conibo que tiene una visión muy interesante sobre la tarea del poeta, o los poetas miembros del grupo Maldita Boa, que son las personas más hospitalarias que he conocido en mi vida.

Pero en el caso de Yaxkin Melchy no solo quedó allí. El poeta que ahora publica Hatun Mayu (Hanan Harawi Editores, Lima, 2016) nos muestra en ese libro lo que ha sido un re-descubrimiento de la poesía y de la vida a partir de no solo la experiencia espiritual de hacer Ayahuasca en una comunidad, sino de su propia búsqueda, una búsqueda personal y poética en la que incluso luego de haber desarrollado una obra magnánima de más de mil páginas el poeta persiste porque, creo, de eso se trata, de buscar, de buscar y de buscar. Si antes de Hatun Mayu, Yaxkin Melchy mostraba ante los lectores el viaje interplanetario y futurista del poeta en pos de ese nuevo mundo (o tratando de enviar mensajes desde éste, que se dejaba vislumbrar entre apuntes de cuaderno con visiones, dibujos, juegos de palabras y montañas implosionando ante el poder de la poesía, un poder que, por cierto, en muchos poemas era transmitido al lector que salía de la lectura como de una sesión de recarga de combustible poético, algo similar a lo que nos sucede a los más jóvenes luego de leer libros como Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, aunque este paralelismo que hago resulte medio forzado), es a partir de este nuevo libro que Yaxkin opta por una mirada reflexiva, como quien se da cuenta que en realidad la magia siempre estuvo entre las flores que crecen justo después de la lluvia.

Debo resaltar aquí la influencia del pensamiento y la poética de Pedro Favarón en esta nueva propuesta de Yaxkin. Me refiero específicamente a la tarea que tiene el poeta como tal frente al mundo, y a la importancia de la poesía en ese contexto. En el texto de Didier Andrés Castro (quien estuvo presente en el último festival de poesía en Pucallpa) en el que cita la entrevista que hizo a Yaxkin en dicho festival de poesía, dice Didier:

“…sin embargo YaxKin, influenciado por el pensamiento de los indígenas, piensa que el efecto de la palabra es real. La literatura tiene poder de hacer bien o mal. Tiene poder para mostrar las contradicciones de un pueblo y quizá ayudar, hacer bien a quien se refugie en ella, pero también tiene el poder de seguir reproduciendo una forma de pensar, de reproducir la violencia que ese agolpa en nuestras sociedades. Esto hace del escritor un ser comprometido con su entorno. Quiéralo o no. Casi de forma inconsciente. Pero lo que sí se pregunta YaxKin es cómo hacer de la literatura algo que realmente haga bien, que tenga la fuerza para ser bella e impartir sabiduría o conocimiento o algo mucho más profundo, al estilo de la antigua poesía china.”

A esto quisiera sumarle un pequeño fragmento (no son las palabras exactas, pero casi sí) de algo que dijo Yaxkin en el conversatorio hecho en la Universidad Nacional de Ucayali, a propósito de una discusión sobre la poesía joven y de los estudios que Yaxkin realiza sobre oriente en México:

“La poesía ‘joven’ puede ser importante, sí, pero puesto en perspectiva con todo lo que hay, centrarse en solo eso no sirve de mucho. Lo que yo me pregunto es: ¿Cómo es que un antiguo poema de la época de la Dinastía Tang sobreviva a nuestros días? ¿Qué hacer para que un poema sobreviva de esa manera al tiempo y la historia?”

Estas dos cosas, me parece, son fundamentales para comprender la propuesta de Yaxkin. Por un lado, la consciencia del poeta como portador de un poder transformador del mundo y al mismo tiempo con la responsabilidad ética de hacer el bien, es decir, no solo buscar a toda costa tocar el absoluto a través de la poesía sino hacerlo de manera consecuente con el mundo. Lo segundo es la puesta en perspectiva, que reemplaza un inicial entusiasmo juvenil del tiempo de La red de los poetas salvajes, para tratar de re-entender la poesía, a partir de la experiencia, de la naturaleza: de la reflexión en lugar de la alucinación, de la contemplación en lugar del ensamblaje tecnológico, del caminar en lugar del ver pasar y del sobrevolar en lugar del orbitar. Después de todo, mirar con telescopio, microscopio, ácido o DMT el universo es igual de exploratorio y aventurado que mirarlo, con detenimiento y una nueva consciencia, con los propios ojos: una constante búsqueda. El poeta no produce montañas de fuego poético aquí: si bien es consciente de su poder creador (porque de ningún modo estamos ante un libro que ensalza la pasividad), entiende que su tarea es transmitir ese savia creadora de manera que produzca otros nuevos árboles, sin necesidad de quemar nada.

Hatun Mayu es la muestra total de la consciencia solidaria y bondadosa mencionada anteriormente “este es mi amor / más allá de lo que ahora comprendo / hojas / caídas / cielos / que no se han descrito” además de que su reflexión no es para nada inútil, si bien el poeta, que tiene ya bastante oficio, se permite incluir frases que parecen obvias y que las personas de ciudad (“la gente de Lima”, diría Favarón) solemos tragarnos con una mueca de “uff” aunque en el fondo esta retórica sea muy propia tanto de la lírica andina como de la amazónica: “está hecho de fragmentos de pasado, de presente y de futuro”.

Con una estética minimalista en comparación a los primeros trabajos de Melchy, Hatun Mayu explora la belleza en lo honesto. Es decir: embelleciéndolo desde el contenido, que termina calzando perfecto en los recursos líricos del poeta: los tiempos breves pero lentos, el tono de pregunta usado varias veces en las preguntas que se hace a sí mismo el poeta, las metáforas de pocas palabras y gran significado: “vi mi vida llevársela el río / una hojita que se lleva la corriente / y no sentí pena. / Agua es piedra / piedra es agua”. Además de las referencias a poetas y sabios orientales  e indígenas de Norteamérica que refuerzan la sensación de que el libro tiene el cometido de dejar esas sentencias en forma de verso (a la manera en que enseñaban los sabios del antiguo oriente), a partir de la experiencia del poeta.

¿En qué momento ocurre la revelación? ¿Cuál es el instante en el que el poeta decide que el camino no era la biblioteca sino la naturaleza? (“me he cruzado con esta flor / y he dejado mi bilbioteca / para buscar al dragón / para montar en el buey”). El lector lamentará no encontrar esa gran revelación en Hatun Mayu. Y es que no hay tal cosa. Aquí Yaxkin nos tiende una trampa: como en los antiguos sutras, nos deja entrever, en claves, las revelaciones que ha tenido:

“He llegado aquí, ligero,
pero la distancia es un peso también
¿Por qué he venido cargando en mis espaldas tantas nubes?”
(O  el descubrimiento de contemplarse a uno mismo como parte tan minúscula del universo)

“Los bosques
que fueron arrasados
ahora crecerán entre los pálpitos
de nuestros corazones”
(O el poder creador del poeta para construir un nuevo mundo que renace hermoso ante nosotros)

“Contemporáneo de la poesía experimental
Contemporáneo de la poesía no experimental
no me pierdo
pongo una mano en mi pecho
y la otra la extiendo arriba
y dejo subir a los pajaritos”
(O de la inutilidad de las discusiones formales de la poesía frente a el contacto con Lo Vivo del mundo, que es la fuente de vida y poesía)

Lector: el libro entero es una revelación. Cada sentencia y cada poema de Hatun Mayu (en especial el poema de la página 46, 47 y 48) leídos detenidamente son la muestra de un conocimiento adquirido por el poeta que, debo confesarlo, sobrepasa el entendimiento de un servidor, que se limita a adivinar aquí y allá la presencia de algo que no sé explicar, pero que presiento grande, con el poder de llenar de vida la vida, de reverdecer los prados, sin importar a estas alturas si como escritor me inscribo o no a su estética (que es bella, bellísima, de una manera muy difícil de explicar) o a su ética.


Este libro, Hatun Mayu, del cual he leído fragmentos en algún recital donde me dijeron que aquél poema de la página 46 le parecía revelador y le dejaba pensando miles de cosas sobre la poesía actual a la persona que me lo comentó, marca el fin de una etapa poética en Yaxkin Melchy y el inicio de otra que espero en algún momento poder entender a cabalidad, ya que creo intuir, de manera muy borrosa, las luces de un camino que empecé a caminar como lector luego de leer El Sueño de Visnú de David Meza o ciertas partes de Rehenes del tiempo de Walter Curonisy. Y es que, querido lector, si de algo está convencido un servidor es de que hay que explorar los caminos incluso si estos pareciera que se nos escurren en las manos. Después de todo, aquél que apuesta por la poesía con honestidad y amor, si bien no tiene la victoria segura (de hecho, tiene un 99% de posibilidad de derrota), es dotado de una intuición u olfato que a veces permite vislumbrar, aunque de manera desordenada (nosotros los menos “tocados”), haces de luz, formas, escuchar el sonido de un río grande que intentamos rastrear haciéndonos paso entre ramas, a ciegas y desnudos.