jueves, 20 de septiembre de 2018

ROBERT BACA: Poesía Actual de Perú




ROBERT BACA (Arequipa, Perú, 1986). Egresado de la escuela de Literatura y Lingüística de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA). Luego de realizar un postgrado en Estudios Hispanoamericanos en la Universidad SorbonneNouvelle (Francia), cursa el máster en Artes y Lenguajes de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París, ciudad donde radica actualmente. Su trabajo de investigación se orienta a las relaciones entre literatura, cine y artes visuales producidas entre el área amazónica y andina. Publicó los libros de poesía Ideograma (2006), Poemaoffroad (2010). La aparición de Carta para Mónica Santa María (2017) forma parte de una serie de artefactos poéticos, ...desde la República de Repúblicas (2018) es la segunda entrega.




UNA PROCESIÓN DE VOCES AL INTERIOR DEL ÚTERO DE LA MARIANNE O SIMPLES CARTELAZOS DESDE LA REPÚBLICA DE REPÚBLICAS

¿Es que ya nada se puede ante el arribo del ángel de alas irreversibles, Marianne?
Tus telarañas ahorcándose unas con otras a estos subterráneos
han mordido el corazón mecánico de la primera esfera.
Ansiedad de diluir
el fino látex que nos separa de todos los hemisferios celestes.
Amenguar la fatiga,
ese retazo fugaz donde desviamos la más ambiciosa de las sinapsis
hacia el cuerpo que se levanta diariamente en la madrugada
y transita por las arterias del mundo,
el cosmos irreductible de una mujer que abanica el otoño
va lamiéndose a sí mismo
en todas sus lenguas posibles y compactas
al interior de los túneles
                                                           para iluminarlos.
Marianne, en el Perú
los mitos de las cuevas ignoran y evitan estos epicentros babilónicos hoy en día,
estos rostros verdaderos
dictados por la órdenes virreinales de los lienzos allá por el S. XVIII
no son más que para ellos y nosotros mismos
esa estampa continuando el error ultísimo[1],
la depravación de una plebe y su nobleza repudiando la única verdad en el espejo embrionario,
esta enfermedad en conflicto que busca sin resultados un solo y estúpido rostro
en la más ruidosa de las envolturas.
Así
la mudez como probabilidad de las  representaciones:
Y de la mudez de la lluvia
Y de la mudez del arado
Y de la mudez de los telares
Y de la mudez de las carreras espaciales de los cóndores
Y de la mudez de las serpientes con las huellas dactilares evocando a los ancestros
Y de la mudez del río que se escapa del ande para desembocar en su tercera orilla
Y de la mudez de los sueños subversivos que  los espectadores van leyendo en las estrellas
Y de la mudez de la danza proverbial al interior de las fiestas dominadas por las vírgenes
Y de la mudez creciente de la gran maternidad de las maternidades que empolla el rostro de los niños alimentando con su teta la lactancia de los lenguajes
Siempre
sordos
siempre mudos siempre
Y de la mudez de las amansias que callaron el cortejo de sus ajenos y bastardos  hijos
Y de la mudez de las escrituras líticas que esperan la sangre desde los museos
Y de la mudez de los desiertos vigilando las rutas de los tatuajes para no enfurecer a las huacas
Y de la mudez del barroco sabor de la carne en la disposición del plato más rústico
Y de la mudez de la semana cíclica donde niños cimarrones les prenden fuego a los santos
Y de la mudez de la música atiborrada más allá del origen donde caen como astros las gotas de lluvia
Y de la mudez hueca de los indicios que van formando la eternidad de los relatos orales
Y de la mudez de los hipocampos surcando la piel de las mujeres que consagran la bienvenida de los perros  hacia los postes de las plazas públicas
Y de la mudez propia en la decoloración de los vegetales expuestos en los mercadillos ante la acuática señal de la policía
Y de la mudez de los naipes lanzados bajo el solitario atardecer de una cama
Y de la mudez de la infancia donde un padre se ha llevado en uno de sus  bolsillos el primer esbozo de una caricia y en el otro el más preciado de los alimentos
ha brotado
ligera y necesaria la noche,
haciendo emerger de cada sombra polen de luz
lenta y fílmicamente 
sobre estos campos sembrados ya de guerras subterráneas
como si un rayo de sol concentrara su baba luminosa en la curvatura de una infinita damajuana
hasta hacer bullir este añejo y pateado licor del pasado que se avecina.

Marianne, desde aquí ya no puedo apagar
el inmenso interruptor de las ciudades para contemplar el cielo,
desde aquí el Perú no es más que una cobija
donde los ríos muerden sus metros cúbicos para obscurecer la densidad de los horarios
y  el caos
se parece a un fruto que revienta ante la cotidiana aparición de las civilizaciones
que no han entendido hasta hoy
el color de la noche en el primer arado,
la bifurcación de los mapas mentales que  imprimimos todos
                        ante la pesadilla de lo que pueda ya no ser,
un reino depositado entre las manos
donde estirar tu nombre no sea más que pedir
                               la ansiada limosna del níquel
o retrasar este sucio milagro ante las primeras iluminaciones
                                                                       de la muerte.


[1] Adán, Martín. La mano desasida (1963).




















lunes, 30 de julio de 2018

JOSÉ GARCÍA OBRERO: Poesía Actual de Cataluña



JOSÉ GARCÍA OBRERO (Santa Coloma de Gramenet, 1973). Es autor de los poemarios Un dios enfrente (La Garúa, 2013), con el que fue finalista del premio Ciudad Alcalá de Henares de Poesía, en 2014; y Mi corazón no es alimento (Ediciones En Huida, 2014). En 2015, la editorial Valparaíso publicó su traducción de Mal, del poeta catalán Jordi Valls.
Con La piel es periferia (Visor, 2017) obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Burgos en 2016.
Actualmente, forma parte del equipo de redacción de la revista de poesía contemporánea en lenguas peninsulares Caravansari y colabora en el suplemento cultural Cuadernos del Sur, de Diarío Córdoba.




 RAÍZ



Algo nace quebrado.

Lo indica esa montaña cubierta de edificios.
Ni un solo palmo de tierra limpia para la siembra.
Un descampado, a veces, interrumpe el paisaje
vertical de ventanas.
Un descampado es una tierra podrida;
ningún loco pretende ahondar bajo sus piedras
y enterrar la semilla de la fruta del miedo.
Aquí se invierte el mundo:
él cosecha entre hombres, agujas y cristales,
protege de miradas a los cuerpos urgentes.
A veces un cuchillo amenaza los juegos
de los niños que ignoran el temblor
de las venas cansadas de estar rotas.
Y algo nace quebrado si no hay tierra
tan limpia que podría morderse.
Se arrojan las semillas, sin mirar, a la acera,
esperando que el viento las proteja en su marcha.

La respuesta es el tronco que crece sin raíces.

De Un dios enfrente. La Garúa, 2013





VIOLENCIA GRATUITA


Antes de cada puñalada hay una sonrisa:
cae de la boca y queda colgada en el cuchillo.
Sonrisa y acero se adentran juntas en la carne.
Ahora debería decir que me aparto,
que odio esta violencia gratuita
asaltándome cada tanto en la puerta de casa
vestida como una paloma sucia en un dintel.
Pero ya soy un hueco y nada puede hendirse
entre las luces o en el trasiego del viento,
y este hecho llena de impotencia al asesino.

Unos brazos abiertos pueden ser un buen golpe.


De Un dios enfrente. La Garúa, 2013





PARTO


Hubo un instante
en que nadie en el mundo
había muerto.
Una línea finísima
de tiempo impreciso
en que todas las cosas
chocaban
suspendidas
en el fluido
caliente
de la casa.
Vino después
un giro brusco:
la luz blanca
y el primer golpe
y un ruido
de engranajes
y esta penumbra.

De La piel es periferia. Visor, 2017




PENUMBRA

Solo un punto de fuego, que lento se consume.
Ni más ni menos eso: calor de luz muy débil,
apenas perceptible si pasas distraído.
Así que aprieta el paso porque el miedo da alcance
y es un bosque que espera con brillo de mil ojos.
Párate. Sácate la angustia de las uñas como si fuera tierra.
¿Si te agarra, qué importa? es solo miedo, es solo miedo
y el miedo es negro como sábanas que apagan las estrellas
(desmenúzalas luego en un tazón con leche que te sacie).
Cruza las calles; observa como irradian tu sombra las farolas;
explota con el índice ladridos suspendidos en el vaho
igual que pompas de jabón. Otros ruidos se alejen: zumbidos,
risas deshilachadas, borrachos que se enojan
y dicen ser la muerte, y siembran esa duda en las esquinas.
El lecho es ahora blando y el corazón, una medusa:
una sepia muy blanca, que se impulsa con pálpitos
e inflige quemaduras con su roce.
Se baña en sal, luego cae como pluma rodando
mar abajo
donde el fuego es un ascua y la luz
                        el soplo.


De La piel es periferia. Visor, 2017





POSIBLE IDEA

Espera,
este pensamiento tritura como un molinillo de café;
abres la pequeña caja y la alegría aparece desmenuzada,
apenas unos polvos con que aguantar el tipo todo el día.
Puerta giratoria que solo expulsa y expulsa y expulsa
y casi nunca –quizás esta sola vez y por descuido –
caemos dentro.

De La piel es periferia. Visor, 2017




FUEGO

Escribir: hacer fuego,
conservar el fuego,
entregarse al fuego,
entregar el fuego;
irse.

De La piel es periferia. Visor, 2017



CENA

Has confundido cena con ceniza
y esa fría paronimia te han llevado al silencio.
Era cuestión de tiempo y combustión.
Entra, pues, en materia y avanza enmudecido
la ceniza es ceniza y no será otra cosa –.
Nosotros, sin embargo, resistimos al aire
que hace ondular adentro el brillo de la idea.
La ceniza es ceniza y espera con paciencia.


Inédito






CENIZA


Se sacudió del pelo la ceniza
para anunciarme su dolor:
¿Lo ves ahora?
Ni en cien días podría restañar
las márgenes borrosas
de estos inmensos lodazales.
Mientras eso decía
yo me adentraba en su caudal
y era tan limpia el agua,
que la luz rebotaba
contra la superficie.
Así, cegado, toqué la arcilla
al fondo, adherida a las algas,
y era en su consistencia y forma
idéntica al dolor de mi ceniza.


Inédtio




LA FLOR EN LAS FAUCES


El tiempo de la perra fue el de los descampados:
terruño ralo, cristales y esas flores sin nombre
que estaban más sabrosas conforme adelgazaban.
Tiempo de rodilleras y copiosas camadas
de cachorros; sueño atrasado y sal en la tartera.
Tiempo de masticar, crujiendo entre los dientes, la aridez:
un revuelo de hojas y raíces por siempre suspendidas.
La perra caminaba en paralelo al vuelo de las aves.
Prisionera en su cárcel de nubes y montañas,
alzaba la mirada al horizonte por ver si su reflejo
–un ave subversiva caída sobre el árbol del origen—
dejaba un rastro, unas migas de pétalos rojizos
abriéndose al paisaje del dios de las encinas.
Resignada, la perra descendía despacio hasta la acera,
para lamer con la mirada la ventana de algún hogar
escaso, pero con tibia luz de manos en la mesa.
Al otro lado del cristal siempre había otra perra
añorando el sabor a flor que emanaban sus fauces.

Inédito





VENDIMIA

Yo fui el extranjero del otoño,
la máscara indolente en las bodegas
que trae la floración a los sarmientos
desde una primavera transparente.
Fui el alto balcón del que persigue,
por los bancales negros de la tarde,
el rastro de la crin de tu corona,
y arranqué del racimo de tu lengua
una luz destilada de abandono.
Mira estas manos que brindaban,
vaciadas de ebriedad y de deseo;
no beberán sin ambición las tuyas,
aunque sientan latir desde tu entraña
la penumbra febril de los lagares.
Dos lejanos enjambres de septiembre,
libaron nuestro tiempo hasta agotarlo